miércoles, 7 de octubre de 2026

El Premio Nobel de Química 2026 reconoció hallazgos que permiten “controlar” las formas de las moléculas

 

 Henri B. Kagan de Francia, y Kenso Soai de Japón, ganadores del Premio Nobel de Química 2026. Créditos: Ill. Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach

El Premio Nobel de Química reconoció hallazgos que permiten “controlar” las formas de las moléculas

La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Henri B. Kagan y Kenso Soai "por el descubrimiento de los efectos no lineales y la autocatalisis en la síntesis orgánica asimétrica". 

Estos hallazgos posibilitaron el desarrollo de principios activos farmacéuticos, nuevos materiales y otras aplicaciones. Científicos del CONICET explican la importancia de las contribuciones de los ganadores.

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska otorgó el Premio Nobel de Química 2026 a Henri B. Kagan, catedrático emérito de la entonces Universidad de París-Sur (Francia) y a Kenso Soai, catedrático emérito de la Universidad de Ciencias de Tokio (Japón), “por el descubrimiento de los efectos no lineales y la autocatalisis en la síntesis orgánica asimétrica”. 

Sus hallazgos han aportado herramientas fundamentales para la fabricación de productos farmacéuticos, aromas, fragancias y químicos agrícolas.

Kagan descubrió una nueva forma de manipular las reacciones químicas, que permite crear un mayor exceso de una de las imágenes especulares de lo que antes se creía posible. 

Este descubrimiento ha supuesto una revolución para los químicos que desarrollan reacciones para la fabricación de diferentes productos y nuevos materiales.

“Muchas moléculas pueden existir en dos formas, que son imágenes especulares entre sí -es decir, una es la imagen en el espejo de la otra- que no pueden superponerse, como una mano derecha y una mano izquierda. 

A esta propiedad se la llama quiralidad. 

Lo interesante es que ambas formas, conocidas como enantiómeros, pueden parecer idénticas a simple vista y tener las mismas propiedades físicas, pero a nivel biológico pueden comportarse de manera muy distinta”, explica Ariel Sarotti, investigador del CONICET en el Instituto de Química de Rosario (IQUIR, CONICET-UNR).

La quiralidad es especialmente importante en los seres vivos. 

Por ejemplo, los aminoácidos que forman las proteínas pueden existir en formas especulares, pero, en muchos procesos biológicos se utiliza principalmente una de ellas. 

El problema aparece, entonces, al fabricar medicamentos. 

Una forma de las formas de una molécula puede producir el efecto terapéutico buscado, mientras su imagen especular puede tener un efecto diferente y provocar consecuencias no deseadas. 

Por eso conseguir una reacción química que produzca una determinada forma y cumpla un efecto deseado es clave.

“En los sistemas biológicos, los enantiómeros pueden comportarse de manera muy diferente. 

Esto se debe a que las moléculas que forman los organismos vivos también tienen una estructura tridimensional y pueden reconocer de manera diferente a cada una de estas dos formas. 

En algunos casos, un enantiómero puede tener un efecto farmacológico deseado mientras que el otro puede tener una actividad diferente, e incluso resultar perjudicial. 

Por eso, los químicos estamos muy interesados en desarrollar métodos que permitan obtener selectivamente una sola de las dos formas, evitando la formación de la otra. 

A esto se lo denomina síntesis asimétrica, un área que ha sido reconocida con varios Premios Nobel de Química”, señala Sarotti.

De acuerdo con Sarotti, uno de los pilares de la síntesis asimétrica es el desarrollo de catalizadores quirales, es decir, moléculas que, al participar en una reacción, inclinan la balanza hacia una de las dos formas (moléculas “mano derecha” o moléculas “mano izquierda”). 

Para lograrlo el propio catalizador también tiene que ser quiral. 

Durante mucho tiempo se creyó que la pureza quiral del producto dependía de manera proporcional de la pureza quiral del catalizador. 

Es decir, cuanto menos puro fuera el catalizador, menos puro sería el producto obtenido. 

Lo que demostró Kagan es que esto no siempre ocurre. 

En determinadas condiciones, un catalizador que tiene solamente un pequeño exceso de una de las dos formas puede generar un producto con un exceso mucho mayor de esa misma forma. 

Es decir, la respuesta no es proporcional o “lineal”.

“A este fenómeno se lo conoce como efecto no lineal y constituye una forma de amplificación de la información quiral. 

La autocatálisis lleva esta idea un paso más allá. 

Ocurre cuando el producto de una reacción actúa como catalizador y favorece la formación de más productos de su misma forma, mientras que la forma minoritaria queda prácticamente sin efecto. 

De este modo, un pequeño exceso inicial de una de las dos formas puede amplificarse progresivamente, como una bola de nieve, hasta obtener un producto con una pureza quiral muy elevada”, explica Sarotti.

En esa línea, Soai desarrolló un sistema autocatalítico asimétrico capaz de amplificar una asimetría inicialmente muy pequeña hasta conducir a un producto con un predominio prácticamente completo de uno de los enantiómeros. 

Según el comunicado de la Real Academia Sueca de Ciencias, “la reacción de Soai es uno de los experimentos químicos más espectaculares que se han llevado a cabo jamás”.

“Soai descubrió uno de los ejemplos más extraordinarios de autocatálisis asimétrica conocidos hasta la actualidad. 

Su trabajo, además, ofrece pistas sobre una de las grandes preguntas de la ciencia: por qué la vida utiliza casi exclusivamente una sola de las dos ‘manos’ de sus moléculas”, comenta Sarotti.

“En la denominada reacción de Soai, el producto quiral participa como catalizador de su propia formación y favorece la generación del mismo enantiómero. 

Como consecuencia, una diferencia enantiomérica inicialmente muy pequeña puede amplificarse de manera progresiva. 

Esta observación constituyó una demostración experimental extraordinaria de cómo una pequeña ruptura inicial de la simetría puede evolucionar hacia un sistema con un marcado predominio de una determinada configuración”, agrega Darío Gerbino, investigador del CONICET en el Instituto de Química del Sur (INQUISUR, CONICET-UNS).

Para Gerbino, los descubrimientos de Kagan y Soai modificaron la manera de entender la quiralidad, al mostrar que la asimetría molecular no debe considerarse únicamente como una propiedad estructural, “sino también como el resultado de procesos dinámicos capaces de transmitirla y amplificarla”.

El valor fundamental de los hallazgos

De acuerdo con el comunicado de la Academia Sueca, los efectos no lineales que descubrió Kagan se han convertido en una herramienta importante para los químicos a la hora de diseñar nuevas reacciones. 

El hecho de que una reacción sea no lineal proporciona a los químicos información sobre cómo se produce. 

Esta información puede utilizarse para optimizar la reacción, de modo que puedan obtener los enantiómeros más puros posibles del producto. 

Esto es vital para todas las empresas que fabrican sustancias destinadas a interactuar con seres vivos, como productos farmacéuticos, aromas, fragancias y productos químicos agrícolas. 

En algunos casos, también es importante en la producción de nuevos materiales.

“Los trabajos de Kagan tuvieron aplicaciones muy concretas. 

Uno de sus métodos de síntesis asimétrica encontró una aplicación industrial muy importante, por ejemplo, en la fabricación de un medicamento ampliamente utilizado para tratar la acidez y el reflujo gástrico. 

El efecto no lineal, además, permite en determinadas reacciones obtener productos con una elevada pureza enantiomérica a partir de catalizadores que no son completamente puros, algo que puede resultar útil desde el punto de vista práctico”, indica Sarotti.

Aunque la reacción de Soai es artificial, diferente de la química de la vida, ha despertado un gran entusiasmo entre los químicos. 

Ahora, en todo el mundo, los investigadores están intentando repetir el logro de Soai, pero con el objetivo de producir aminoácidos y azúcares homoquirales.

Gerbino destaca que aunque los aportes de ambos ganadores tienen importantes implicancias para la síntesis asimétrica, también aportan un marco para abordar una de las preguntas fundamentales de la química: 

“¿Cómo pudo originarse y amplificarse la homoquiralidad característica de los sistemas biológicos, es decir, por qué muchos de los componentes moleculares esenciales de la vida presentan predominantemente una única configuración?”.

Para Sarotti, en este sentido, los hallazgos de Soai tienen un valor fundamental, puesto que “su reacción funciona como una especie de lupa química, que puede tomar una diferencia inicialmente diminuta entre las dos ‘manos’ de una molécula y amplificarla enormemente. 

Estudios realizados con este sistema y con otros relacionados han mostrado que distintos factores externos, como ciertas formas de luz o superficies minerales, pueden favorecer inicialmente una de las dos formas. 

Esto resulta especialmente interesante para comprender cómo una pequeña asimetría química pudo haberse amplificado en las condiciones de la Tierra primitiva y contribuir, eventualmente, a la predominancia de una sola ‘mano’ molecular en los seres vivos”, concluye.

CONICET

inngeniar


lunes, 21 de septiembre de 2026

Fundación ByB Premios 2026 para especialistas del CONICET en Química

 

 De izq. a der.: Marcos Tascon, Omar Azzaroni y Daiana Capdevila. Foto: Gentileza Fundación Bunge y Born 

Premio Fundación Bunge y Born 2026 para especialistas del CONICET en Química

El investigador del Consejo Omar Azzaroni recibió la máxima distinción que otorga la Fundación, mientras que los investigadores Daiana Capdevila y Marcos Tascon fueron reconocidos con el Premio Estímulo.

Tres investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fueron distinguidos en la edición 2026 de los Premios Fundación Bunge y Born, dedicada este año a la Química. 

El investigador del CONICET Omar Azzaroni, del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP), recibió el Premio Fundación Bunge y Born 2026, mientras que los investigadores del Consejo Daiana Capdevila y Marcos Tascon fueron galardonados con el Premio Estímulo.

El investigador del CONICET Omar Azzaroni fue distinguido por sus contribuciones en las áreas de ciencia de polímeros, química de superficies, materia blanda y nanotecnología. 

A lo largo de su trayectoria, sus investigaciones combinaron la generación de conocimiento con el desarrollo de aplicaciones de impacto científico, social y tecnológico, que derivaron, entre otros resultados, en la obtención de patentes y la creación de una empresa de base tecnológica.

Para el jurado “sus trabajos contribuyeron a consolidar nuevas líneas de investigación y al desarrollo de la comunidad dedicada a la química de la materia blanda en la Argentina”. 

Asimismo, resaltó su reconocimiento internacional en química de materiales blandos y nanotecnología, junto con su trayectoria científica, liderazgo académico y contribución a la innovación tecnológica.

Azzaroni es doctor en Química por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y profesor titular de la Facultad de Ciencias Exactas de esa universidad. 

Durante su carrera ha recibido numerosas distinciones, entre ellas el Premio Houssay, el Premio Konex y el Georg Forster Research Award de la Fundación Alexander von Humboldt.

Premio Estímulo 2026 en Química

En esta edición, el Premio Estímulo fue otorgado a la investigadora del CONICET Daiana Capdevila, del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir), y al investigador del Consejo Marcos Tascon, del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (IIIA, CONICET-UNSAM).

Capdevila fue reconocida por sus aportes en las áreas de química estructural, bioquímica y bioinorgánica, orientados a la comprensión de los mecanismos moleculares que regulan procesos biológicos esenciales en sistemas de relevancia biomédica. 

Es doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y jefa del Laboratorio de Fisicoquímica de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Instituto Leloir y profesora adjunta de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Sus investigaciones permitieron ampliar el conocimiento sobre la relación entre estructura, dinámica y función de biomoléculas mediante la integración de herramientas espectroscópicas y enfoques fisicoquímicos avanzados para el abordaje de problemas fundamentales de la biología molecular y las enfermedades infecciosas.

El jurado destacó la originalidad y calidad de sus contribuciones, la consolidación de una línea de investigación propia, su producción científica y reconocimiento nacional e internacional, además de su trabajo en la formación de recursos humanos y la dirección de proyectos de investigación.

En 2019 ganó un concurso para jefa de nuevo laboratorio en el Instituto Leloir y un subsidio internacional de repatriación que le permitió incorporar equipamiento de última tecnología. 

Con su equipo trabaja en distintos proyectos aplicados, entre los que se destacan el desarrollo de biosensores (tests rápidos) para distintas enfermedades infecciosas. 

En particular, se enfocan en sensores de moléculas que contienen azufre muy importantes en enfermedades relacionadas con el intestino y las bacterias que viven allí. 

En estos proyectos es fundamental comprender la química del azufre para desarrollar nuevos tratamientos que eliminen bacterias resistentes a los antibióticos o favorezcan aquellas que tienen un efecto positivo para la salud.

Otra aplicación de los biosensores es en el análisis de la contaminación ambiental, por ejemplo, para la detección de plomo, arsénico, entre otros, en sus distintos estados. 

Uno de los campos de aplicación de los desarrollos del equipo fue a través de ACUMAR, en la cuenca Matanza Riachuelo, donde se enfocaron en la detección de plomo.

Su trayectoria ha sido reconocida con distinciones nacionales e internacionales, entre ellas el premio FIMA Leloir, la distinción Franco Argentina a la Innovación, el Premio Estímulo de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la beca L’Oréal-UNESCO-CONICET.

Por su parte, Marcos Tascon fue distinguido por sus aportes en química analítica, ciencias de la separación y espectrometría de masas. 

Sus investigaciones se orientan al desarrollo de nuevas metodologías e instrumentación para el análisis de muestras complejas en contextos ambientales, biológicos y patrimoniales. 

Es doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y profesor adjunto de la UNSAM.

Entre sus principales trabajos se destacan el desarrollo de biosensores con baja o nula invasividad para monitoreo de contaminantes ambientales y la evaluación de barreras naturales con árboles frente a la contaminación del aire, utilizados con éxito en distintos museos argentinos como el Museo Histórico Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes.

Sus trabajos científicos contribuyeron significativamente a consolidar nuevas líneas de investigación en tecnologías de muestreo, análisis químico avanzado y diagnóstico no invasivo de materiales complejos, posicionándolo como una referencia en la aplicación de herramientas analíticas innovadoras al estudio del ambiente y el patrimonio cultural, llevando a contribuciones de gran originalidad y solidez científica.

Premios Científicos Fundación Bunge y Born

El Premio Fundación Bunge y Born se entrega ininterrumpidamente desde 1964, siendo uno de los reconocimientos más importantes del ámbito científico nacional, tanto por el prestigio del jurado y de los premiados, como por su magnitud. 

Distingue la trayectoria y los aportes de destacados científicos argentinos. 

El Premio Estímulo, en tanto, resalta a los investigadores jóvenes más relevantes en su disciplina, y se entrega desde 2001.

Entre las figuras galardonadas se destacan el Premio Nobel argentino, Luis Federico Leloir (1965, Medicina) e investigadores como: Gabriel Rabinovich (2014, Medicina Experimental), María Beatriz Aguirre-Urreta (2016, Paleontología), Carlos Balseiro (2017, Física), Víctor Yohai (2018, Matemática), Sandra Díaz (2019, Ecología), Jorge Medina (2020, Neurociencia Experimental), Diego de Mendoza (2021, Microbiología), Galo Soler Illia (2022, Nanociencias), Raquel Chan (2023, Agrobiotecnología), Alberto Piola (2024, Ciencias del Mar y la Atmósfera) y Alberto Kornblihtt (2025, Bioquímica y Biología Molecular).

Este año, el jurado estuvo presidido por el Dr. Gerardo Burton, Universidad de Buenos Aires (UBA); e integrado por la Dra. Mirta Aranguren, Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP); el Dr. Victor Batista, Yale University, Estados Unidos; el Dr. Guillermo Raúl Castro, Universidad Federal de ABC (UFABC), San Pablo; y el Dr. Héctor Casimiro Goicoechea, Universidad Nacional del Litoral (UNL).

Fuente: Fundación Bunge y Born.

CONICET

inngeniar


jueves, 11 de junio de 2026

Jornada Petroquímica 2026 participó el CONICET

Director Ejecutivo de IPA, Gabriel Rodriguez Garrido y el vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, Alberto Baruj. Gentileza: IPA

El CONICET participó de la Jornada Petroquímica 2026

El evento reunió a industriales, científicos y referentes del sector para debatir cómo incorporar innovación y transformar las ventajas energéticas de la Argentina en desarrollo industrial.

Organizada por el Instituto Petroquímico Argentino (IPA), se llevó a cabo la Jornada Petroquímica 2026 en el Centro Cultural de la Ciencia (C3) bajo el lema: “Del recurso energético a la industria competitiva”. 

Reunió a referentes del ámbito empresarial, académico y científico, con el objetivo de debatir cómo transformar la oportunidad energética en inversión, agregado de valor y desarrollo industrial competitivo en el país. 

Además, se realizó en el marco del 50° aniversario del IPA, consolidando su trabajo institucional en industria petroquímica en la Argentina. 

El encuentro contó con el auspicio institucional del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) quien acompañó en la organización del mismo.

El CONICET participó en la jornada a través del vicepresidente de Asuntos Tecnológicos, Alberto Baruj quien disertó en el panel: “Ciencia Aplicada e Innovación Tecnológica”, en el que se resaltó el papel de la ciencia y la transferencia tecnológica en el desarrollo industrial. 

La presidenta de la Jornada y representante de Dow Argentina y South Region of Latin America, Dolores Brizuela

Durante el intercambio, Baruj aseguró que, “Argentina cuenta con una comunidad científica amplia y altamente calificada para aportar conocimiento, desarrollo y tecnología que permitan agregar valor a los recursos naturales del país. 

En ese sentido, el CONICET dispone de investigadores formados, en prácticamente todas las áreas del conocimiento, para responder a los desafíos que plantea la industria”. 

Y resaltó: “Cuando se habla de ciencia y tecnología la cara más visible es el desarrollo tecnológico. 

Y el sustrato de esto es: la ciencia básica, la cual cumple un rol fundamental en este esquema y es la base sobre la cual se forman recursos humanos y las capacidades que luego permiten generar innovación, desarrollar nuevas tecnologías y fortalecer la ciencia aplicada”.

En esa línea, destacó también la importancia de la cooperación internacional. 

“El CONICET mantiene una sólida red de articulación internacional con organismos de investigación y universidades. 

A ello se suma una amplia comunidad de investigadores formados en el país que, desde distintos lugares del mundo, continúan vinculados y comprometidos con el fortalecimiento del sistema científico argentino”. 

Además, reflexionó sobre el fortalecimiento de la vinculación del sector público y privado y destacó el trabajo de desarrollo tecnológico, especialmente en el sector petroquímico, que se realiza en la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET-UNS) en Bahía Blanca así como el de otros institutos del país en diversas disciplinas.

El vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, Alberto Baruj en la Jornada Petroquímica 2026

En este marco, la presidenta de la Jornada y representante de Dow Argentina y South Region of Latin America, Dolores Brizuela agradeció la presencia de autoridades y referentes del sector y celebró los 50 años de actividades del Instituto Petroquímico. 

“De esta manera, el IPA refleja su compromiso con la industria petroquímica argentina y a nivel mundial. 

Es una oportunidad para celebrar nuestra trayectoria y misión de transformar recursos en industria a través del conocimiento, de investigación y formación”, puntualizó.

Además, Brizuela destacó la importancia de avanzar hacia una agenda industrial que permita convertir los recursos energéticos disponibles en competitividad, valor agregado y crecimiento sostenido para el país. 

En este sentido, remarcó que la industria petroquímica atraviesa un escenario global desafiante, marcado por la transición energética, los cambios tecnológicos, la geopolítica y nuevas dinámicas de demanda, lo que obliga a repensar permanentemente la competitividad.

Director Ejecutivo de IPA, Gabriel Rodriguez Garrido y el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación, Dario Genua

Por su parte, el director ejecutivo del IPA, Gabriel Rodríguez Garrido, destacó el nivel de convocatoria y la calidad técnica de la Jornada, subrayando la importancia de consolidar espacios de diálogo que permitan articular visiones entre industria, academia y sector público. 

Asimismo, valoró especialmente la participación del CONICET y de la secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación, al considerar que el vínculo entre ciencia, tecnología e industria resulta clave para impulsar innovación, competitividad y desarrollo productivo en la petroquímica argentina.

También se incluyó el panel “Innovación y competitividad industrial” en el que disertó el secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación, Darío Genua analizando los desafíos y oportunidades que tiene la Argentina para transformar sus recursos estratégicos en más desarrollo, valor agregado y empleo de calidad y el rol de las políticas de ciencia, tecnología y innovación para promover la transferencia de conocimiento y fortalecer la competitividad del sector productivo.

El vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, Alberto Baruj y en Director Ejecutivo de IPA, Gabriel Rodriguez Garrido. Gentileza: IPA 

A lo largo del encuentro se abordaron temas estratégicos vinculados al escenario global de la energía y los mercados, la disponibilidad de gas y materias primas para expandir la petroquímica nacional, la transformación industrial impulsada por la inteligencia artificial y las condiciones necesarias para promover nuevas inversiones en el país.

CONICET 

inngeniar


martes, 26 de mayo de 2026

Dengue Zika y fiebre amarilla Hallan un mecanismo común de replicación

 

Un equipo del CONICET descubrió que todos los virus del género Orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la célula.

Hallan un mecanismo común de replicación para los virus del dengue, Zika y fiebre amarilla

Un equipo del CONICET reveló que todos los virus del género orthoflavivirus comparten una pieza esencial para multiplicarse en la célula e identificaron moléculas que al unirse a esta estructura inhiben el proceso. 

Este descubrimiento sienta las bases para el posible desarrollo de tratamientos antivirales comunes para estas enfermedades.

Hace veinte años, el grupo liderado por la viróloga Andrea Gamarnik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir), reveló cómo hace el virus del dengue para replicar su material genético e infectar mosquitos y humanos. 

Este hallazgo sobre un virus que se estima que infecta entre 100 y 400 millones de personas en el planeta cada año, le valió a la investigadora del CONICET reconocimiento mundial. 

Ahora, ella y su equipo demostraron que ese mecanismo de replicación es “universal” para todos los virus del mismo género, que incluye al Zika y el de la fiebre amarilla, entre más de veinte virus que causan distintas enfermedades. 

El estudio fue publicado en la revista especializada Plos Pathogens.

“Descubrimos que todos los virus del género Orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la célula y además propusimos que esta pieza es un talón de Aquiles común a todos ellos”, explica Santiago Oviedo-Rouco, miembro del Laboratorio de Virología Molecular de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y primer autor del trabajo.

Andrea Gamarnik (tercera desde la izq.) junto a Santiago Oviedo-Rouco (remera beige), Mernoosh Arrar (remera blanca) y el resto del grupo de su laboratorio.

Con esta idea en mente, buscaron y encontraron compuestos químicos que interfieren en ese mecanismo y frenan la infección de muchos de ellos en modelos de laboratorio. 

“A largo plazo, esto puede llevar a tener un antiviral de amplio espectro; es decir, un solo medicamento capaz de tratar diferentes virus”, agrega Oviedo-Rouco.

Para probar la hipótesis sobre la universalidad de esa pieza esencial para la replicación, el grupo trabajó con el virus del dengue como si fuera un juego de construcción y se la fue reemplazando por las de otros virus que son transmitidos por mosquitos o garrapatas. 

“Y funcionó con todos ellos. 

Esto demostró que los orthoflavivirus comparten un mismo mecanismo de multiplicación y que esas porciones clave de ARN que son promotoras para la replicación en distintos virus son intercambiables entre sí”, resalta Oviedo-Rouco.

El siguiente paso fue buscar cómo bloquearlas para evitar que los virus puedan multiplicarse. 

Para ello, realizaron análisis estructurales computacionales y sumaron a la especialista en modelado de biomoléculas Mernoosh Arrar y su equipo del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y el CONICET. 

“Este trabajo interdisciplinario permitió, además, poner a prueba métodos computacionales fundamentales para el campo de la predicción de estructuras de ARN”, señaló Arrar, que el año pasado ganó la categoría beca del Premio L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”.

Después de un rastreo pormenorizado, el equipo encontró un compuesto prometedor que se une a esta pieza universal e inhibe la multiplicación de varios orthoflavivirus. 

De acuerdo con Oviedo-Rouco, esto es muy esperanzador, aunque todavía falte mucho trabajo para determinar si efectivamente estas moléculas se pueden convertir en medicamentos para tratar pacientes.

De acuerdo con el científico, los tiempos para que un descubrimiento de laboratorio se convierta en una terapia de uso clínico son prolongados, ya que incluyen pruebas preclínicas y clínicas para evaluar su toxicidad, efectividad y estabilidad, más allá de los análisis sobre las posibles formas de producción, comercialización y distribución. 

“Aunque este camino es largo, nuestro descubrimiento ofrece una ventaja fundamental: no estamos buscando un tratamiento para una sola enfermedad, sino una llave maestra que podría protegernos contra múltiples virus actuales y, lo más importante, contra amenazas que aún no conocemos”, enfatiza Oviedo-Rouco.

“Este trabajo es el corolario de 20 años de estudios, que comenzó con el descubrimiento de un mecanismo básico de la biología del virus del dengue, que ahora estamos utilizando para la búsqueda de antivirales que podrían ser útiles para muchos otros virus”, señala Gamarnik. 

Y continúa: “Uno no sabe de antemano el impacto que hay detrás de los descubrimientos. 

Pueden pasar muchos años hasta que vemos su aplicación, pero así funciona la ciencia”.

Referencia bibliográfica:

Oviedo-Rouco, S., Bertoni, L., Mikkelsen, E., Sarto, C., Gonzalez Lopez Ledesma, M. M., Pallarés, H. M., … & Gamarnik, A. V. (2026). The RNA promoter for pathogenic orthoflaviviruses replication is universal and serves as target for viral inhibition. PLoS pathogens, 22(5), e1014233. https://doi.org/10.1371/journal.ppat.1014233

Fuente: FIL

CONICET

inngeniar


martes, 14 de abril de 2026

Agua del sur bonaerense Estrategias para preservar en un contexto de cambio climático

  

Estrategias para preservar el agua del sur bonaerense en un contexto de cambio climático

El Grupo Interdisciplinario de Análisis en Química Analítica desarrolla herramientas para cuidar el principal recurso hídrico del sudoeste provincial El río Colorado.

En el sur de la Provincia de Buenos Aires la gestión de los recursos hídricos ha estado siempre entre las preocupaciones principales, por la importancia que tiene el agua para una región semiárida como esta. 

A esa complejidad, el contexto actual le agrega los efectos del cambio climático, sobre los cuales la ciencia bonaerense ya puso el ojo.

En esa zona, el curso de agua más importante es el río Colorado, que surge de la confluencia de dos ríos cordilleranos, el Grande y el Barrancas, para luego cruzar cuatro provincias -Mendoza, Neuquén, Río Negro y La Pampa- hasta llegar al sur bonaerense y desembocar en el océano atlántico, recorriendo en total 920 kilómetros.

En el Valle Bonaerense del Río Colorado, que abarca los partidos de Villarino y Carmen de Patagones, ese recurso hídrico es central para la producción y la vida cotidiana. 

Allí, la Corporación de Fomento del Valle Bonaerense del Río Colorado (CORFO) administra un sistema clave en una de las principales áreas productivas bajo riego de la Provincia. 

Actualmente, alrededor de 78.000 hectáreas están vinculadas a la agricultura bajo riego en la región, aunque la superficie concesionada del sistema alcanza las 137.145 hectáreas. 

En este contexto, el Grupo Interdisciplinario de Análisis en Química Analítica (GIAQA) de la Universidad Nacional del Sur (UNS), integrado por más de 25 miembros, se dedica en el desarrollo de metodologías analíticas para el monitoreo y preservación ambiental priorizando los principios de la química verde. 

Desde 2015, estas investigaciones se llevan adelante en el marco de un convenio entre la UNS, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) a través de su Estación Experimental Agropecuaria Hilario Ascasubi, CORFO Río Colorado y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC). 

Este acuerdo ha sido clave para generar conocimiento aplicado y aportar insumos científicos para el diseño de políticas públicas vinculadas al cuidado del agua.

El río Colorado y el cambio climático

Mariano Trillini es licenciado en Ciencias Ambientales, fue becario de la CIC y actualmente es becario doctoral del INQUISUR (UNS-CONICET) e integrante del GIAQA. 

En el primer capítulo de su tesis doctoral aborda la problemática de los ríos cordilleranos y el cambio climático. 

Sobre ese punto, señaló que “en la región donde nacen los ríos que forman el Colorado hay glaciares y ambientes periglaciares que fueron inventariados por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA).”.

Trillini remarcó que el río Colorado presenta una alimentación predominantemente nival en su cuenca alta andina, por lo que las variaciones en la nieve acumulada, las precipitaciones y el escurrimiento en la cordillera influyen directamente sobre la disponibilidad y la dinámica del recurso hídrico en nuestra provincia.

“En una región semiárida como la nuestra, cualquier alteración en la cuenca alta puede tener efectos concretos sobre la cantidad, la calidad y la previsibilidad del agua que llega al valle. 

Y eso impacta no solo en el ambiente, sino también en el riego, en la producción y en la vida cotidiana de las poblaciones que dependen de este sistema”, afirmó.


Por su parte, Jorge Pierini, integrante del GIAQA, doctor en Ciencias del Mar y de la Atmósfera e investigador independiente de la CIC en el INQUISUR, detalló: “como consecuencia del cambio climático, se observa un retroceso en la masa de nieve de la cordillera. 

Eso puede traducirse en una disminución del caudal y en un menor aporte de agua a los cursos ubicados aguas abajo de la cuenca. 

Se trata de fenómenos de gran escala que actualmente están siendo evaluados y analizados”. 

Desde hace tres décadas, el caudal del río Colorado está regulado por el Embalse Casa de Piedra, ubicado en la provincia de La Pampa. 

“Si se presenta un problema asociado a una menor acumulación de nieve en la cordillera, el embalse cumple un rol fundamental, ya que debe reservar y regular el aporte de agua para sostener, por ejemplo, las actividades agropecuarias en el Valle Bonaerense a futuro”, explicó Marcelo Pistonesi, doctor en Química, investigador principal de la CIC en el INQUISUR y director del GIAQA.

Al atravesar cinco provincias, el río Colorado transporta sustancias tanto de origen natural como producidas por la actividad humana, a lo largo de regiones donde se desarrollan actividades petroleras, vitivinícolas, agrícolas y urbanas. 

En este contexto, el grupo de investigación trabaja en el desarrollo de metodologías automatizadas para la detección rápida de compuestos químicos aplicables tanto en escenarios de caudales altos como bajos. 

Esto tiene como objetivo aportar herramientas analíticas que mejoren la toma de decisiones orientadas a preservar la calidad del agua para el consumo humano y la actividad productiva.

Simplificar, miniaturizar y automatizar

El GIAQA es un grupo interdisciplinario numeroso e involucra ocho carreras universitarias que en conjunto abordan toda la complejidad tecnológica, social y económica para las distintas líneas de investigación que abarcan, entre las que se encuentra la preservación del recurso hídrico.

“Nos enfocamos en el análisis de sustancias naturales y contaminantes para desarrollar sistemas automatizados que simplifiquen, miniaturicen y agilicen los procesos de análisis. 

El objetivo es reducir los altos costos de fabricación de equipos de laboratorio o de campo, facilitando así el acceso a tecnología adaptada a las necesidades reales del país”, detalló Pistonesi.

En ese sentido, con el desarrollo de estas nuevas metodologías automatizadas han mejorado la eficiencia analítica con respecto a los métodos de referencia. 

Estas herramientas no sólo son más económicas, precisas y rápidas, también permiten minimizar la intervención humana, uso de reactivos, generación de residuos y optimizar el tratamiento de datos, reduciendo la huella ecológica y los riesgos de toxicidad para el analista.

“Buscamos generar información accesible para la toma de decisiones utilizando modelación numérica. 

Por ejemplo, si el agua presenta ciertos componentes, puede no ser apta para consumo o riego, y eso permite actuar en consecuencia”, explicó Pierini.

Además, el GIAQA investiga el desarrollo de sensores que detectan contaminantes y permiten analizarlos en tiempos cortos; y también desarrollan indicadores que se ponen a disposición tanto de organismos públicos, como de los propios productores, para que tengan información a disposición y puedan tomar decisiones sobre el uso y consumo del agua.

Otro de los investigadores del grupo, el Doctor en Ingeniería e Investigador Asistente de la CIC en el Laboratorio de Investigación y Desarrollo en Ingeniería de Software y Sistemas de Información (CIC-UNS), Gabriel Eggly, explicó que, tras haber generado sensores capaces de detectar contaminantes basados en imágenes digitales, actualmente “hay tesistas que están trabajando con aprendizaje de máquina e inteligencia artificial para perfeccionar el procesamiento de la información proveniente de los sensores”. 

Para generar estos desarrollos este grupo de investigación trabaja interdisciplinariamente con los productores de la región y con investigadores e investigadoras nacionales y del exterior, principalmente de Brasil.

Además, Pistonesi destacó un aporte clave de la Provincia: “la CIC es el único organismo de Ciencia y Tecnología que otorga becas de entrenamiento que permiten que estudiantes que están en una etapa avanzada de la carrera puedan adquirir conocimientos científicos para después incorporarse a los grupos de investigación “.

Ese semillero bonaerense, entre otras cosas, ha permitido al GIAQA generar herramientas tecnológicas de avanzada, para la preservación y gestión del recurso hídrico en la Provincia de Buenos Aires, que ahora se adaptan para pensarse en un contexto de cambio climático.

cic.gba

inngeniar


jueves, 19 de marzo de 2026

Microalgas Valor biotecnológico de nativas de la provincia de Tucumán

 

 Determinación de Peso Seco de Biomasas cosechadas, cultivadas bajo condiciones diferentes de medios de cultivo y regímenes de iluminación. Foto: gentileza investigadora.

Demuestran el valor biotecnológico de microalgas nativas de la provincia de Tucumán

Un equipo multidisciplinario del CONICET publicó recientemente un estudio que evidencia el potencial de microorganismos aislados de cuencas hídricas de la provincia del NOA argentino para el desarrollo de alimentos funcionales, bioinsumos agrícolas y aplicaciones ambientales.

El grupo de Fitoquímica de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), integrado por científicos del CONICET con experticia en distintas disciplinas científicas, publicó recientemente un estudio que da cuenta del potencial biotecnológico de un conjunto de microalgas de agua dulce, autóctonas de la provincia de Tucumán. 

Los resultados de la investigación fueron presentados en la revista especializada Algal Research, y arrojan evidencia contundente acerca de la capacidad de estos microorganismos para el desarrollo de aplicaciones innovadoras.

Biomasa microalgal liofilizada. Foto: gentileza investigadora.

El trabajo se centra en el análisis de la plasticidad metabólica de microalgas aisladas del Embalse Celestino Gelsi (El Cadillal); es decir, en la capacidad de estos microorganismos para modificar los compuestos que producen según las condiciones del ambiente y del cultivo. 

En este marco se evaluó cómo, bajo distintas condiciones controladas, tienden a modular la producción de pigmentos, compuestos fenólicos y otros metabolitos de interés biotecnológico incluyendo lípidos, proteínas y carbohidratos específicos.

“Cada microalga es diferente; tanto su genética como su metabolismo varían según el ambiente donde se desarrollan. 

Y aunque ya se conoce el potencial de variedades originarias de otras regiones, las especies locales pueden comportarse de manera distinta y producir bioproductos únicos. 

Por eso nos interesó estudiar las microalgas de Tucumán, ya que el hecho de entender su adaptación a distintas condiciones de cultivo nos permite inferir usos concretos y sostenibles de recursos propios del territorio”, explica la investigadora del CONICET Melina Sgariglia, coordinadora del estudio.

Los resultados alcanzados dan lugar a orientar la aplicación de biomasas microalgales específicas -conjunto de células microalgales generadas durante su cultivo- hacia la obtención de bioproductos de alto valor, como ingredientes para alimentos funcionales, bioinsumos agrícolas y aplicaciones ambientales. 

El equipo de investigación destaca que este avance aporta bases científicas para el desarrollo de iniciativas biotecnológicas con identidad regional, fortaleciendo el posicionamiento de Tucumán y del NOA como territorios con recursos biológicos propios y capacidades científico-tecnológicas para transformarlos en soluciones sustentables.

Sistema de cultivo a escala laboratorio con burbujeo e iluminación LED, adaptado por equipo de Fitoquímica en la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la UNT. Foto: gentileza investigadora.

Aportes científicos y valor estratégico para la región

En este trabajo se describe a las microalgas como microorganismos fotosintéticos ampliamente distribuidos en ecosistemas marinos y de agua dulce, que presentan una reproducción rápida, una alta eficiencia fotosintética y una capacidad excepcional para convertir la energía solar en biomasa bajo condiciones controladas, atributos que sustentan su importancia ecológica y su creciente relevancia biotecnológica.

El equipo científico logró demostrar que la microalga local Chlorella sp. presenta una alta capacidad de adaptación metabólica frente a cambios en las condiciones de cultivo, permitiéndole modular la producción de pigmentos, compuestos fenólicos y otros metabolitos de importancia biotecnológica. 

“Esta plasticidad metabólica demuestra en parte la capacidad de las microalgas nativas para modular la síntesis de bioproductos según las condiciones del cultivo lo que subraya la relevancia de identificar cepas con perfiles metabólicos distintivos para el diseño de procesos productivos y esquemas de biorrefinerías”, señala la farmacéutica y doctora en bioquímica.

Desde una perspectiva estratégica, esta línea de investigación apuesta a fortalecer la economía del conocimiento en la región, al generar saberes con potencial de transferencia hacia sectores productivos específicos. 

Además, busca sentar bases para el desarrollo de tecnologías orientadas al aprovechamiento sustentable de recursos locales y la oportunidad de generar nuevas cadenas de valor, con menor impacto ambiental. 

En este sentido, la investigadora remarca que el presente trabajo se inscribe en los desafíos actuales de la ciencia pública vinculados a la sostenibilidad, la innovación y el desarrollo territorial, reforzando el rol del CONICET en el plano local en lo que refiere a la articulación entre conocimiento científico y las necesidades regionales.

“La publicación en Algal Research valida internacionalmente la calidad del trabajo realizado y consolida una línea de investigación emergente, en consonancia con los desafíos actuales de sostenibilidad y economía circular”, concluye la investigadora.

Presentación de póster en el Congreso “Asociación de Biología de Tucumán”, en 2024 (izq a der: Carlos H. Armando, María Luz Iriarte y Melina Sgariglia). Foto: gentileza investigadora.

Referencia bibliográfica:

M.L. Iriarte., C.H. Armando., T.A. Rearte., J.R. Soberón., D.A. Sampietro., M.A. Sgariglia. Bioprospecting of a native Chlorella sp.: Culture strategies under contrasting light regimes reveal metabolic trade-offs between primary metabolism and phenolic accumulation.  https://doi.org/10.1016/j.algal.2026.104518

Por Maximiliano Grosso – Área de Comunicación CONICET NOA Sur

Equipo de investigación:

María Luz Iriarte (Cátedra de Fitoquímica, FBQF, UNT)

Carlos Armando (Cátedra de Fitoquímica, FBQF, UNT)

Rodolfo Soberón (Cátedra de Fitoquímica, FBQF, UNT)

Diego A. Sampietro (Cátedra de Fitoquímica, FBQF, UNT)

Agustín Rearte  (Cátedra de Química Analítica, FAUBA, UBA)

Nadia Chalfoun (ITANOA, CONICET-EEAOC).

Melina Sgariglia (Cátedra de Fitoquímica, FBQF, UNT)

CONICET

inngeniar


miércoles, 18 de febrero de 2026

Miden fosfato con teléfonos celulares

   

La tecnología económica, rápida y portátil para medir fosfato, desarrollada por especialistas del CONICET y de la UBA, se basa en el empleo de teléfonos inteligentes.

Desarrollan un método basado en teléfonos celulares para medir fosfato, un compuesto químico esencial para la salud, la agricultura y otras áreas

El equipo portátil, liderado por investigadores del CONICET y de la UBA, determina concentraciones de fosfato en suelo, agua y también muestras humanas lo que puede facilitar el diagnóstico de algunas enfermedades. 

Es más económico y práctico que los métodos tradicionales, y podría ser utilizado en laboratorios, empresas agrícolas y otras entidades. 

Actualmente, el sistema está siendo evaluado para su comercialización y patente.

Investigadores del CONICET y de la UBA desarrollaron un sistema basado en teléfonos celulares que mide de forma rápida y sencilla el fosfato (PO₄³⁻), un compuesto químico esencial que forma parte de muchas estructuras vitales en la naturaleza. 

Su medición es esencial para diferentes aplicaciones. 

Por ejemplo, en muestras humanas, la cuantificación de este elemento es importante para el diagnóstico de algunas enfermedades “raras” como el raquitismo hipofosfatémico autosómico y la hipofosfatemia ligada al cromosoma X que están incluidas en el Registro Nacional de Enfermedades Poco Frecuentes y presentan un desafío para el sistema de salud dado que, por su baja incidencia, suelen escapar de los controles clínicos/bioquímicos habituales.

En los suelos, los niveles adecuados de fosfato son fundamentales para el desarrollo óptimo de los cultivos y medirlos, con métodos sencillos y rápidos, es de gran relevancia para el sector productivo si se considera que en Argentina aproximadamente el 60 por ciento de las tierras cultivadas está por debajo del rango crítico de fosfatos.

“Hay diferentes métodos convencionales en la actualidad que miden fosfato, pero presentan baja capacidad de detección y en algunos casos, equipamientos costosos que requieren personal altamente capacitado limitando su uso en laboratorios especializados, entre otras desventajas. 

Nuestro método, que incluye el desarrollo de un nuevo reactivo y el uso de teléfonos celulares, resuelve estas limitaciones”, afirma Luis González Flecha, líder del desarrollo e investigador del CONICET en el Instituto de Química y Fisicoquímica Biológicas “Prof. Alejandro C. Paladini” (IQUIFIB, CONICET-UBA) y en el Departamento de Química Biológica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.  

Y continúa: “La metodología fue evaluada de manera exhaustiva en términos de sensibilidad, exactitud, reproducibilidad, límite de detección y rango dinámico, demostrando un desempeño robusto y confiable”.

La tecnología, desarrollada por los especialistas del CONICET y de la UBA, se describe en Talanta, una revista científica  especializada en química analítica pura y aplicada.

Una vez patentado y transferido al mercado, el método podría aplicarse tanto a nivel de laboratorios de investigación, de docencia o de análisis químico. 

“En cuanto a empresas u organismos que podrían utilizar el método, podemos mencionar la industria de fertilizantes, empresas agropecuarias, cooperativas, laboratorios de control y organismos de extensión rural”, puntualiza González Flecha.

Para Álvaro Recoulat Angelini, primer autor del estudio e investigador del Laboratorio de Biofísica Molecular que lidera González Flecha en el IQUIFIB, “la posibilidad de realizar mediciones in situ con un teléfono celular abre la puerta a esquemas de monitoreo más frecuentes y descentralizados, involucrando no solo a laboratorios especializados, sino también a organismos de control ambiental, municipios, empresas de saneamiento e incluso iniciativas de ciencia ciudadana”.

Los autores del estudio que describen el desarrollo: Gabriela Elena Gómez, José María Delfino, Álvaro Recoulat Angelini y Luis González Flecha

Tecnología basada en un teléfono celular

El funcionamiento del método, desarrollado por los especialistas del CONICET y de la UBA, es simple: una vez añadido el reactivo a la muestra en la que se quiere medir el fosfato, se desarrolla un color (por la presencia del colorante verde de malaquita en el reactivo) en aproximadamente 30 minutos y que permanece estable durante varias horas lo que brinda una amplia flexibilidad para determinar las concentraciones de fosfato. 

“La intensidad del color generado es proporcional a la cantidad de fosfato presente en la muestra. 

Esta intensidad puede cuantificarse midiendo la absorbancia, es decir, cuánta luz es absorbida por la muestra, a una longitud de onda característica en la región del rojo en el espectro electromagnético. 

Esto se debe a que el complejo formado absorbe principalmente la luz roja (y en menor medida la azul), lo cual da cuenta del color verde de la solución”, explica González Flecha.

Por otra parte, la incorporación en esta metodología de teléfonos celulares en la cuantificación de fosfato se basa en que los sensores de las cámaras (detectores CMOS) convierten la luz que proviene de la muestra en señales digitales. 

Cada píxel registra la intensidad de la luz recibida luego de atravesar un filtro, y la almacena en 1 byte de memoria que al poseer 8 dígitos binarios (bits) permite codificar 28 niveles distintos de intensidad que van desde 0 (ausencia de señal) a 255 (máxima intensidad). 

Para esto se utilizó un programa de código abierto desarrollado por José María Delfino, investigador ad-honorem del CONICET y co-autor del trabajo.

“A partir de estos valores se define una magnitud denominada absorbancia digital, análoga a la absorbancia utilizada en la espectrofotometría clásica, que permite cuantificar el desarrollo del color y, por lo tanto, la concentración de fosfato presente en la muestra”, puntualiza Recoulat Angelini.

El reactivo empleado en esta metodología es superador respecto a los usados en métodos tradicionales. “Estos métodos requerían preparar un reactivo de color cada vez que se realizaba una medición, lo que los hacía poco prácticos para su uso rutinario. 

Para resolver este problema, comprobamos que un copolímero ampliamente utilizado en preparaciones farmacéuticas y cultivos celulares, denominado Pluronic® F-68, mejoraba sustancialmente la estabilidad del reactivo de color, permitiendo conservarlo por más de un año a temperatura ambiente sin pérdida significativa de sensibilidad”, destaca González Flecha. 

Y continúa: “Por otra parte, la optimización de la composición del reactivo nos permitió obtener una formulación que combina la elevada estabilidad con una alta sensibilidad (unas 30 veces mayor que la del tradicional método de Fiske–Subbarow)”.

Álvaro Recoulat Angelini, primer autor del trabajo que describe el desarrollo.

Además de aplicaciones en salud y agricultura, la metodología puede ser útil para determinar la calidad del agua. 

En el caso de los cuerpos de agua, el problema principal es la contaminación por fosfato, ya sea por exceso de fertilización en suelos cercanos o descarga de efluentes domiciliarios o industriales. 

Asimismo, en el área de la investigación básica, el desarrollo de los científicos argentinos puede ser útil para medir el fosfato liberado por la acción de enzimas que hidrolizan biomoléculas que contienen este grupo funcional, como por ejemplo el ATP. 

Esta molécula es importante porque almacena y proporciona la energía necesaria para muchas funciones celulares, y las enzimas que catalizan su hidrólisis (ruptura de un enlace químico por acción del agua) juegan un papel clave en la transformación de la energía química en trabajo útil para la célula.

“Más allá de nuestro trabajo podemos decir que la detección y cuantificación de compuestos químicos mediante teléfonos celulares es un campo en pleno crecimiento. 

Creemos además que el rápido avance en la tecnología de las cámaras de los dispositivos móviles y los bajos costos asociados, anticipan una verdadera transformación de la instrumentación óptica de uso analítico en un futuro cercano”, afirma González Flecha.

En cuanto a su transferencia al mercado, los investigadores están contactando pymes argentinas interesadas en la posible comercialización. 

“Conjuntamente hemos completado el diseño de un kit para la determinación de fosfato y estamos trabajando con el área de transferencia tecnológica del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires para formalizar los convenios de transferencia y comercialización y evaluar el posible patentamiento del producto”, concluye González Flecha.

Del estudio también participó Gabriela Elena Gómez, investigadora del CONICET en el IQUIFIB.

Referencia bibliográfica:

Recoulat Angelini AA, Gómez GE, Delfino JM, González Flecha FL. A sensitive smartphone-based method for measuring phosphate in biological samples and ATPase activities. Talanta (2026) 297, 128753. https://doi.org/10.1016/j.talanta.2025.128753

Por Bruno Geller

CONICET

inngeniar