miércoles, 28 de enero de 2026

Transformar residuos en plásticos biodegradables “del futuro” Una científica del CONICET desarrolla métodos

 

 El catalizador convirtiendo un bidón de plástico en moléculas muy pequeñas que pueden reutilizarse para hacer otros plásticos. Foto: gentileza investigadora

Una científica del CONICET desarrolla métodos para transformar residuos en plásticos biodegradables “del futuro”

Por sus investigaciones, Elangeni Gilbert ganó el Premio Distinción Franco-Argentina en innovación en la categoría Junior

La contaminación por plásticos es una crisis sanitaria mundial que va en aumento: cada año se generan 400 millones de toneladas de residuos plásticos que se filtran en los ecosistemas acuáticos y terrestres, lo que implica un riesgo para la salud. 

Ante ese panorama global, la investigadora del CONICET del Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC, UNL-CONICET), Elangeni Gilbert, trabaja para transformar materiales industriales contaminantes en moléculas que puedan reutilizarse y no generen residuos tóxicos en el ambiente. 

Esa línea de “superreciclaje” la llevó a liderar un proyecto en el que, en pocos minutos, los residuos plásticos se convierten en compuestos que pueden reutilizarse en la generación de “plásticos del futuro”, biodegradables, para diversas industrias.

“Cuando el reciclado deja de ser solo una buena intención y se convierte en una alternativa técnica y económicamente viable, puede generar impacto ambiental positivo, valor económico y beneficios sociales, transformando un problema ambiental en una oportunidad productiva”, señala Gilbert, que por su proyecto más reciente titulado “Reciclado químico de plásticos”, resultó ganadora de la Distinción en Innovación Franco-Argentina en la categoría Junior. 

Al certamen, que distingue procesos de transferencia de conocimientos y tecnología, se habían presentado casi cincuenta proyectos de innovación.

Una de las cuestiones que lo destacó es que se trata de un proceso de “upcycling” o suprarreciclaje, que implica la revalorización de residuos plásticos transformándolos en nuevas moléculas de mayor valor que el material original. 

“En la metodología que hemos desarrollado, en lugar de reconvertir el plástico en materiales de características similares o inferiores, se recuperan sus constituyentes químicos y, junto con compuestos derivados de la biomasa empleados como agentes depolimerizantes, se transforman en moléculas de gran valor agregado”, advierte Gilbert.

El equipo completo: Laureana Soria, Diana Estenoz, Elangeni Gilbert, Luisina Bressán, Santiago Vaillard. Foto: gentileza investigadora

Una carrera contra la contaminación

Gilbert orientó sus investigaciones hacia la contaminación plástica apenas ingresó a la carrera científica. Antes había estudiado la generación de nuevas “polibenzoxazinas”: materiales termoestables con buenas propiedades térmicas, físicas y químicas. 

También trabajó en el desarrollo de desinfectantes de amonio cuaternario similares a los comerciales, que son eficaces contra virus, bacterias y hongos, pero resultan tóxicos para el medioambiente. 

En este caso, la estrategia se basó en incorporar un grupo carbonato que permite que, post-consumo, el surfactante se degrade en colina –un nutriente esencial- y en un alcohol natural, ambos biodegradables.

Con esos antecedentes, centró su línea de investigación en la generación de precursores para nuevos materiales poliméricos biobasados y biodegradables a partir de materias primas provenientes del reciclado del plástico y la biomasa. 

Desde entonces, comenta Gilbert, su trabajo se orienta a estudiar la depolimerización química del policarbonato de bisfenol A (PC-BPA), un material muy utilizado, que al degradarse en condiciones naturales libera, además de microplásticos, bisfenol A (BPA), un disruptor endócrino asociado a daños en la salud humana y ambiental.

Hasta el momento, los métodos de reciclado químico disponibles en el mercado requerían altas temperaturas y presiones, largos tiempos de reacción, el uso de atmósferas inertes, microondas y costosos catalizadores o de compleja preparación. 

Lo que logró Gilbert y su equipo para resolver esas dificultades fue emplear un catalizador orgánico accesible y no contaminante. 

Según explica la investigadora: “Utilizando agentes depolimerizantes derivados de la biomasa, desarrollamos métodos que, a baja temperatura y presión y en tiempos cortos, lograron depolimerizar completamente los residuos de policarbonato. 

Este proceso permite recuperar el BPA evitando su liberación al ambiente, y obtener moléculas con funcionalidad carbonato de alto valor comercial, impidiendo a su vez la liberación de dióxido de carbono”.

Este catalizador permite el “reciclado secuencial selectivo”, optimizando los tiempos de reciclaje y solucionando uno de los principales problemas del reciclado actual: el hecho de que los distintos materiales plásticos son incompatibles entre sí, con lo cual, para su reutilización, se debe realizar un exhaustivo proceso de separación y limpieza que demanda mucho costo en tiempo y dinero, lo que hace menos rentable el proceso. 

“El reciclado secuencial selectivo consiste en un proceso de depolimerización química controlada que aprovecha las diferencias estructurales de los distintos plásticos y, por ende, su reactividad. Este proceso permite reciclar una mezcla selectivamente de a un plástico por etapa (secuencial). 

Así, ajustando determinados parámetros del proceso de reciclado, como la temperatura, la naturaleza del agente depolimerizante o el tipo de catalizador, es posible inducir la depolimerización selectiva de un plástico sin afectar a los otros presentes en la mezcla de residuos”, explica la científica.

La conversión de residuos plásticos en moléculas biodegradables se logra gracias a este proceso, en pocas horas y, en algunos casos, en apenas unos minutos. Una metodología de reciclado químico que podría reutilizarse, a futuro, en otros plásticos de distintas familias, como poliésteres -PET, PLA, PHA, PHB-, poliamidas -como el nylon- y poliuretanos, entre otros. 

“Considerando un lote de residuos compuesto por diferentes materiales, a futuro sería posible aplicar procesos de reciclado secuencial selectivo en los que en cada etapa se podría reciclar un plástico y obtener moléculas específicas. 

Sería como una ´mina selectiva´ de moléculas de valor agregado a partir de residuos plásticos heterogéneos”, asegura Gilbert.

La científica confía en que “dado que los procesos son simples, requieren baja inversión inicial, utilizan materias primas de bajo costo e implican un bajo consumo energético, se podrán transformar los residuos plásticos en recursos de valor para reincorporarlos a circuitos productivos”. 

También destaca que a futuro, “como las moléculas generadas pueden, dentro de ciertos límites, ser diseñadas, va a ser posible obtener nuevos tipos de poliuretanos, polihidroxiuretanos, policarbonatos, resinas epoxi, entre otros. 

Además de nuevos materiales, las moléculas diseñadas podrían utilizarse como solventes verdes (biodegradables); como precursores de síntesis en la industria química, agro-química, farmacéutica y veterinaria; o bien en formulaciones cosméticas y agrícolas”.

Las características del proyecto facilitan su escalado y la transferencia tecnológica del método, lo que abre la posibilidad de que empresas y cooperativas puedan implementar la tecnología en contextos reales. 

“Nuestro método no complejiza los procesos de reciclado actuales, ni exige grandes inversiones en equipamiento; promueve la creación de empleo local y de nuevas oportunidades productivas y, en última instancia, permite que los residuos dejen de acumularse como un problema ambiental y pasen a convertirse en insumos útiles, reduciendo la cantidad de plástico que llega a basurales o rellenos sanitarios y promoviendo acciones concretas de economía circular”, concluye.

CONICET

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miércoles, 14 de enero de 2026

Optimizan la producción de compuestos naturales con potencial industrial Investigadores del CONICET junto a la empresa Ledesma

 

 Agustina Viltes Sánchez, becaria del CONICET, Verónica Irazusta, directora técnica del proyecto con Ledesma, y Mariano Rivero integrante del proyecto LEDESMA - CONICET del Laboratorio de Aguas y Suelos del INIQUI.

Investigadores del CONICET trabajan junto a la empresa Ledesma para optimizar la producción de compuestos naturales con potencial industrial

Se llaman “biosufractantes” y ofrecen una alternativa ecológica a los productos sintéticos

En el laboratorio de Aguas y Suelos del Instituto de Investigaciones para la Industria Química (INIQUI, CONICET-UNSa), un equipo de investigación liderado por las científicas del CONICET Verónica Irazusta y Verónica Rajal busca microorganismos capaces de producir moléculas de alto valor agregado, entre ellas los denominados biosurfactantes: sustancias “tensioactivas” de origen biológico que ofrecen una alternativa ecológica a los productos sintéticos. 

“Los biosurfactantes tienen mayores capacidades y son biodegradables, lo que reduce la contaminación ambiental”, explica Irazusta, responsable técnica del proyecto. 

“Su principal desventaja es el costo de producción comparado con los de origen sintético, por eso trabajamos en métodos más económicos utilizando subproductos industriales.”

Viltes Sánchez e Irazusta, observando el crecimiento de la bacteria productora de biosurfactante. Fotografía: Antonella Flamini

El trabajo se enmarca en un convenio firmado en 2024 entre el CONICET (con la participación de las áreas de Vinculación Tecnológica de Salta y Jujuy), la Universidad Nacional de Salta y la empresa Ledesma. 

El objetivo es optimizar la producción de biosurfactantes a partir de una bacteria aislada de efluentes de la propia industria, aprovechando recursos disponibles y reduciendo el impacto ambiental. 

“Usamos efluentes o subproductos industriales de Ledesma como medio de cultivo para los microorganismos. 

Así, no solo producimos estas moléculas de forma económica, sino que además damos una utilidad a desechos que de otro modo podrían contaminar”, señala Irazusta.

Los biosurfactantes, explica Irazusta, disminuyen la tensión superficial del agua, lo que los hace útiles en múltiples sectores, como el farmacéutico, el agroindustrial, el alimenticio, el cosmético e incluso en la formulación de detergentes y emulsiones. 

“Su capacidad para degradarse naturalmente los convierte en aliados clave en el desarrollo de una industria más sustentable”, dice la investigadora.

Agustina Viltes Sánchez operando el Biorreactor de 7 litros adquirido como parte del convenio. Fotografía: Antonella Flamini

La colaboración con Ledesma se originó años atrás. 

“Hicimos una primera visita a la empresa en busca de subproductos que pudieran servir como fuente de energía para bacterias productoras de biosurfactantes. 

Mostramos resultados, nos reunimos varias veces y eso derivó en el convenio actual”, recuerda Irazusta. El acuerdo permitió además la incorporación de un biorreactor de siete litros, un avance tecnológico significativo para el laboratorio y la universidad.

Desde la empresa Ledesma, la representante técnica del proyecto, Adriana Rodriguez, expresa: 

“El convenio que firmamos con la Universidad Nacional de Salta y el CONICET para el desarrollo de un nuevo producto a partir de la caña de azúcar tiene un gran potencial. 

Desde Ledesma estamos en constante búsqueda de alternativas más sustentables para mejorar nuestros procesos productivos y avanzar en el desarrollo de nuevos productos. 

En ese sentido, creemos que el trabajo conjunto con centros de investigación y universidades, como la Universidad Nacional de Salta y el CONICET, es clave para alcanzar esos objetivos, ya que permite generar desarrollos con impacto productivo y ambiental positivo, más aun actualmente, cuando el mercado de los surfactantes es muy amplio y estas moléculas son utilizadas por diversas industrias, como la farmacéutica, la alimenticia, la cosmética y la agrícola, debido a la variedad de propiedades que presentan. 

A esto se suma la particularidad de que se trata de compuestos biodegradables, a diferencia de los productos sintéticos”.

Irazusta realizando tareas en el laboratorio, relacionadas con inoculación del biorreactor con la bacterias productoras de biosurfactantes. Fotografía: Antonella Flamini

Actualmente, el grupo evalúa distintos subproductos —como melaza y vinaza— para optimizar los procesos productivos. 

“Este desarrollo beneficia a la sociedad desde distintos puntos: por un lado, generamos menos residuos industriales; por otro, ofrecemos alternativas más ecológicas para distintas aplicaciones”, concluye Irazusta.

Por Antonella Flamini

CONICET

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