martes, 9 de junio de 2020

COVIT 19 En aguas cloacales van a medir niveles de coronavirus


Las científicas a cargo del proyecto de izquierda a derecha, arriba: María Dolores Blanco Fernández, Viviana Mbayed y Carolina Torres. Abajo: Sofía Díaz y Melina Barrios.

La técnica en desarrollo de los científicos del CONICET y de la UBA permitirá establecer cómo se modifica a lo largo del tiempo la cantidad de virus excretado en materia fecal como una medida de la circulación del virus en la población, lo que permitirá evaluar el impacto de las distintas medidas o intervenciones de salud pública como el distanciamiento social.

Argentina tendrá una técnica propia para detectar al nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en efluentes cloacales, lo cual permitirá monitorear la efectividad de las medidas de control y hasta anticipar posibles picos de casos en días subsiguientes.

El objetivo general del proyecto es “realizar una vigilancia de la infección por SARS CoV-2 a nivel poblacional, realizando la detección y cuantificación viral en los líquidos cloacales recolectados de los domicilios de miles de personas y que luego ingresan a las plantas depuradoras”, afirmó a la Agencia CyTA-Leloir Viviana Mbayed, profesora asociada de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB) de la UBA.

El enfoque ya ha mostrado su utilidad en otros países.

Un estudio de la Universidad de Yale, por ejemplo, mostró que la evolución de las concentraciones del material genético del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) que se miden en los desechos cloacales es similar a la curva de casos de los días posteriores.

Mbayed, quien también es investigadora del CONICET, ya tiene experiencia en esta metodología.

El año pasado, junto a colegas, publicó en la revista “Journal of Virological Methods” el desarrollo de una técnica capaz de detectar no solo la presencia de virus (como poliomavirus y adenovirus) en aguas residuales de domicilios e industrias alimentarias, sino también rastrear su fuente, es decir establecer una asociación con la especie animal que los excreta (humanos, bovinos o aves).

La herramienta está siendo desarrollada por Mbayed junto a María Dolores Blanco Fernández, Carolina Torres, Melina Barrios y Sofía Díaz, de la misma cátedra y facultad. Y constituirá un método de vigilancia no invasiva para describir la dinámica de la carga del virus excretado en materia fecal por la población general infectada, tanto individuos sintomáticos como asintomáticos, lo que podría usarse para medir la efectividad de las intervenciones epidemiológicas como la cuarentena y el distanciamiento social.

Asimismo, Mbayed resaltó que la estrategia podría servir para alerta temprana sobre reintroducciones del virus en la población una vez que haya disminuido su circulación.

Otro objetivo del trabajo será la descripción de la diversidad viral, para lo cual “se secuenciarán los genomas virales detectados”, puntualizó Mbayed.

El trabajo fue uno de los 64 seleccionados para buscar soluciones contra COVID-19 con financiamiento de la Agencia I+D+i Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT).

Según refirió la viróloga, hay varios grupos de investigación nucleados dentro del grupo de trabajo “Detección de coronavirus en el ambiente” de la Unidad Coronavirus del MINCYT.

“Estamos trabajando coordinadamente para poder tener resultados lo antes posible, pero se requiere de la estandarización de metodologías previamente”, indicó Mbayed.

La técnica de detección del SARS-Cov2 en aguas cloacales será una herramienta complementaria a las ya vigentes para monitorear la circulación del virus en poblaciones humanas, “y tiene la ventaja de no requerir de muestras individuales de personas, sino que cada una de las muestras de líquidos cloacales representa a muchos individuos potencialmente infectados”, concluyó Mbayed.

Agencia CyTA-Fundación Leloir


lunes, 18 de noviembre de 2019

Tecnica para desinfectar aguas - desarrollan cientificos de Bahia Blanca


La técnica de los científicos de Bahía Blanca sería útil para desinfectar agua extraída de pozos 
y para el tratamiento de efluentes cloacales.

Sería particularmente útil para hogares que la extraen de pozos y para el tratamiento de efluentes cloacales. 

Remueve el 99% de un tipo de bacterias que causan diarrea, infecciones del tracto urinario y neumonía, entre otras enfermedades.

Una técnica sencilla para limpiar agua contaminada con bacterias patógenas fue desarrollada por científicos argentinos.

El avance sería particularmente apropiado para casas y escuelas que no cuentan con servicios de red y la extraen de pozo, así como para el tratamiento de efluentes cloacales.

Además de sales y arsénico, el agua de pozo puede tener Escherichia coli: un grupo grande de bacterias que se encuentra en el ambiente, los alimentos y los intestinos de las personas y los animales. 

Aunque la mayoría de las cepas son inofensivas, otras pueden causar diarrea, infecciones del tracto urinario, enfermedades respiratorias, y otras patologías.

“Nuestra herramienta logró remover casi el 100% de los patógenos”, indicó la Agencia CyTA-Leloir, la primera autora del trabajo, la doctora María Belén González, investigadora del Instituto de Ingeniería Electroquímica y Corrosión (INIEC), en Bahía Blanca.

“Si bien se probó en condiciones de laboratorio, podrían desarrollarse sistemas masivos de tratamiento de aguas residuales para proteger los ecosistemas y, por lo tanto, la salud humana y animal”, añadió.

La técnica se basa en la inmovilización de especies de cobre sobre una superficie porosa formada por polímeros, constituyendo una especie de filtro o “celda de flujo continuo”.

En el estudio, los investigadores pusieron agua de pozo contaminada con Escherichia coli en contacto con ese material.

Y midieron la carga microbiana antes y después de atravesarlo.

“En algunos casos, la reducción llegó a un 99%”, indicó la investigadora de la institución que depende del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y del CONICET.

“Está previsto continuar con los ensayos, en particular vamos a intentar mejorar  la herramienta probando la inmovilización de nanoparticulas de plata sobre la superficie porosa”, indicó González.

Del avance, descrito en la revista “

”, también participaron Daniel Flamini y Silvana Saidman, del INIEC; Lorena Brugnoni, del  Instituto de Investigaciones Biológicas y Biomédicas del Sur (INBIOSUR), que depende del Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la UNS; y Lidia Quinzani, de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI), dependiente de la UNS y del CONICET.

Agencia CyTA-Fundación Leloir


domingo, 3 de noviembre de 2019

Frutillas - Potenciar beneficios para la salud buscan cientificos santafesinos


Los investigadores de Santa Fe identificaron condiciones óptimas de almacenamiento que podrían aumentar los beneficios terapéuticos, incluyendo efectos antioxidantes, antiinflamatorios 
y cicatrizantes de compuestos presentes en las frutillas.

Investigadores del Instituto de Tecnología de Alimentos lograron extender la vida útil de la fruta y estudian sus propiedades cicatrizantes y antiinflamatorias.

Frente a la tentación de comer algo dulce, “¿quién le puede decir que no a las frutillas?”, pregunta la actriz Jessica Alba.

Pero el delicioso fruto rojo no solo cautiva los sentidos, sino que promueve la salud.

En un flamante estudio, investigadores de Santa Fe lograron identificar condiciones óptimas de almacenamiento que podrían aumentar sus beneficios terapéuticos, incluyendo efectos antioxidantes, antiinflamatorios y cicatrizantes.

El nuevo estudio fue publicado en la revista “Food Science and Nutrition”.

Cuando los científicos almacenaron frutillas en una atmósfera enriquecida en oxígeno y dióxido de carbono, no solo prolongaron su vida útil, sino que también “se logró mejorar su capacidad promotora de la cicatrización”, según indicó el doctor Franco Van de Velde, investigador del Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) que depende de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en Santa Fe.


El doctor Franco Van de Velde, investigador del Instituto de Tecnología de Alimentos que depende de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe.

En un trabajo previo, Van de Velde y colegas comprobaron que las frutillas almacenadas en atmósferas altas en oxígeno y dióxido de carbono mantuvieron su calidad microbiológica y sensorial por hasta 20 días.

“Además, observamos que se producía una acumulación importante de compuestos fenólicos”, indicó el también investigador del CONICET y profesor de la UNL.

Ahora, los científicos almacenaron frutillas frescas (Fragaria ananassa Duch. variedad ‘Camino Real) durante 20 días a 5ºC, expuestas a concentraciones elevadas de oxígeno y dióxido de carbono.

Y constataron que esas condiciones incrementaron su actividad antioxidante.

“Estas condiciones atmosféricas ocasionan un efecto de estrés abiótico sobre el metabolismo secundario de las frutillas que, para defenderse, producen una mayor síntesis de compuestos fenólicos (metabolitos con distintos beneficios para la salud)”, explicó el científico santafesino.

En otra etapa del estudio, los investigadores documentaron en el laboratorio efectos terapéuticos de las frutillas.

Aplicaron extractos en un cultivo in vitro de fibroblastos de piel humana y vieron que aumentaba su proliferación y migración, lo que sugiere una acción cicatrizante.

Además, realizaron experimentos en cultivos celulares de roedores y comprobaron que los compuestos fenólicos de las frutillas logran suprimir genes proinflamatorios.

El almacenamiento postcosecha de frutillas “en este tipo de atmósferas especiales podría ser una alternativa prometedora para extender su vida útil y ofrecer frutas con un potencial bioactivo mejorado”, afirmó Van de Velde.


Investigadores del Instituto de Tecnología de Alimentos que depende de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe.

Y agregó: “No obstante todavía hay un camino que recorrer para poder transferir esta tecnología al sector productivo”.

Del avance también participaron María Paula Méndez‐Galarraga, del ITA y del CONICET; María Élida Pirovani, del ITA; y Mary Ann Lila, Debora Esposito, John Overall y Mary Grace del Plant for Human Health Institute de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos.

Agencia CyTA-Fundación Leloir


Un polisacarido de las algas puede ser la base de nuevos excipientes farmaceuticos


Los autores del estudio: Yasmin Daglio (izq.), María Cecilia Rodríguez, María Cristina Matulewicz 
y Héctor Juan Prado.

Investigadores de la UBA y del CONICET estudian utilizar el polisacárido como excipiente novedoso para mejorar la performance de comprimidos.

Un polisacárido de algas podría guardar la clave para el desarrollo de comprimidos que liberen fármacos en el lugar y momento precisos, ya sea de manera rápida o lenta.

Así lo sugiere un estudio de científicos argentinos.

En comprimidos de liberación inmediata, los “desintegrantes” favorecen la rápida ruptura  de su estructura, al tomar contacto con fluidos del aparato digestivo, colaborando así en la liberación de fármacos y suelen ser derivados de la celulosa, de almidones o polímeros sintéticos. 

Sin embargo, a menudo estos materiales presentan incompatibilidades físicas o químicas y otras limitaciones, como la cantidad requerida en la formulación, por lo que se buscan nuevas alternativas.

Ahora, científicos de la UBA y del CONICET identificaron propiedades muy alentadoras en un polisacárido o cadena de unidades de azúcares que está presente en un alga unicelular de agua dulce, Euglena gracilis.

Su nombre es paramilon y, como el almidón, su función biológica original es de reserva energética.

“El paramilon puede ser un desintegrante de interés para la industria farmacéutica”, afirmaron a la Agencia CyTA-Leloir los directores del estudio, María Cristina Matulewicz, del Centro de Investigación en Hidratos de Carbono (CIHIDECAR, UBA-CONICET), y Héctor Juan Prado, del Instituto de Tecnología de Alimentos y Procesos Químicos (ITAPROQ, UBA-CONICET).

En estudios de laboratorio, los investigadores comprobaron que el polisacárido de este alga “presentó tiempos de desintegración iguales o menores que el mejor producto comercial usado como control”.

Por otra parte, la modificación química del paramilon,  por introducción de grupos funcionales con cargas positivas o negativas, conduce a la formación de estructuras de tipo hidrogel que pueden prolongar de manera notable el tiempo de desintegración.

“Eso sería útil cuando se busca enlentecer la velocidad de liberación del principio activo presente en el comprimido, por ejemplo en aplicaciones de liberación controlada”, explicaron Matulewicz, también profesora del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA, y Prado, quien también se desempeña como docente de la Cátedra de Tecnología Farmacéutica II en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

En una próxima etapa, los científicos proyectan estudiar formulaciones con una variedad de fármacos modelo “para ver cómo el efecto desintegrante del paramilon se ve afectado por la presencia de distintos principios activos”.

El estudio fue publicado en “Carbohydrate Research”.

Y también participaron las doctoras Yasmín Daglio (primera autora), del CIHIDECAR, y María Cecilia Rodríguez, de la FCEN de la UBA.

Agencia CyTA-Fundación Leloir


miércoles, 9 de octubre de 2019

Premio Nobel de Química 2019

Ill. Niklas Elmehed. © Nobel Media.
El Premio Nobel de Química 2019 fue otorgado conjuntamente a John B. GoodenoughM. Stanley Whittingham y Akira Yoshino "por el desarrollo de baterías de iones de litio".

Anuncio del Premio Nobel de Química 2019



Crearon un mundo recargable

El Premio Nobel de Química 2019 premia el desarrollo de la batería de iones de litio.

Esta batería ligera, recargable y potente ahora se usa en todo, desde teléfonos móviles hasta computadoras portátiles y vehículos eléctricos.

También puede almacenar cantidades significativas de energía de la energía solar y eólica, haciendo posible una sociedad libre de combustibles fósiles.

Las baterías de iones de litio se utilizan a nivel mundial para alimentar los dispositivos electrónicos portátiles que utilizamos para comunicarnos, trabajar, estudiar, escuchar música y buscar conocimiento.

Las baterías de litio también han permitido el desarrollo de automóviles eléctricos de largo alcance y el almacenamiento de energía de fuentes renovables, como la energía solar y eólica.

La base de la batería de iones de litio se sentó durante la crisis del petróleo en la década de 1970.

Stanley Whittingham trabajó en el desarrollo de métodos que podrían conducir a tecnologías de energía libre de combustibles fósiles.

Comenzó a investigar superconductores y descubrió un material extremadamente rico en energía, que utilizó para crear un cátodo innovador en una batería de litio.

Esto fue hecho de disulfuro de titanio que, a nivel molecular, tiene espacios que pueden albergar, intercalar, iones de litio.

El ánodo de la batería estaba hecho parcialmente de litio metálico, que tiene un fuerte impulso para liberar electrones.

Esto dio como resultado una batería que literalmente tenía un gran potencial, un poco más de dos voltios.

Sin embargo, el litio metálico es reactivo y la batería era demasiado explosiva para ser viable.

John Goodenough predijo que el cátodo tendría un potencial aún mayor si se hiciera usando un óxido metálico en lugar de un sulfuro metálico.

Después de una búsqueda sistemática, en 1980 demostró que el óxido de cobalto con iones de litio intercalados puede producir hasta cuatro voltios. Este fue un avance importante y conduciría a baterías mucho más potentes.

Con el cátodo de Goodenough como base, Akira Yoshino creó la primera batería de iones de litio comercialmente viable en 1985.

En lugar de usar litio reactivo en el ánodo, usó coque de petróleo, un material de carbono que, como el óxido de cobalto del cátodo, puede intercalar iones de litio .

El resultado fue una batería ligera y resistente que podía cargarse cientos de veces antes de que su rendimiento se deteriorara.

La ventaja de las baterías de iones de litio es que no se basan en reacciones químicas que descomponen los electrodos, sino en iones de litio que fluyen de un lado a otro entre el ánodo y el cátodo.

Las baterías de iones de litio han revolucionado nuestras vidas desde que ingresaron al mercado en 1991.

Han sentado las bases de una sociedad inalámbrica, libre de combustibles fósiles, y son de gran beneficio para la humanidad.



Ilustraciones

Las ilustraciones son de uso gratuito para fines no comerciales.

Atributo "© Johan Jarnestad / La Real Academia Sueca de Ciencias"

Tabla periódica de litio (pdf)

La batería de Whittingham (pdf)

Whiskers (pdf)

La batería de Goodenough (pdf)

La batería de Yoshino (pdf)

Lea más sobre el premio de este año



John B. Goodenough, nacido en 1922 en Jena, Alemania.

Doctor. 1952 de la Universidad de Chicago, Estados Unidos. Virginia H. Cockrell Cátedra de Ingeniería en la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos.

M. Stanley Whittingham, nacido en 1941 en el Reino Unido.

Doctor. 1968 de la Universidad de Oxford, Reino Unido.

Profesor Distinguido en la Universidad de Binghamton, Universidad Estatal de Nueva York, Estados Unidos.

Akira Yoshino, nacido en 1948 en Suita, Japón.

Doctor. 2005 de la Universidad de Osaka, Japón.

Miembro honorario de Asahi Kasei Corporation, Tokio, Japón y profesor de la Universidad Meijo, Nagoya, Japón.

Cantidad del premio: 9 millones de coronas suecas, que se repartirán por igual entre los galardonados.

Experto: Olof Ramström, miembro del Comité Nobel de Química, +46 70 433 42 60, ramstrom@protonmail.com

La Real Academia de Ciencias de Suecia, fundada en 1739, es una organización independiente cuyo objetivo general es promover las ciencias y fortalecer su influencia en la sociedad.

La Academia asume una responsabilidad especial por las ciencias naturales y las matemáticas, pero se esfuerza por promover el intercambio de ideas entre diversas disciplinas.

Nobel Prize® es una marca registrada de la Fundación Nobel.

nobelprize.org


sábado, 9 de marzo de 2019

"Huella Dactilar" de la leche Argentina - Desarrollan metodo para idntificarla


El doctor Daniel Wunderlin e integrantes de su grupo, las doctoras Magdalena Monferrán, 
Julieta Griboff y María Verónica Baroni.

La técnica de investigadores de Córdoba es un complemento a la documentación para establecer la trazabilidad desde el sitio de origen.

Así como el sistema de identificación por huellas dactilares fue perfeccionado en Argentina, ahora un grupo de investigación de nuestro país propone el uso de “huellas dactilares” químicas para la identificación de la procedencia de alimentos.

Ya lo comprobaron con vinos tintos, carne bovina, miel y trigo, y ahora lo lograron con leche de tambos de diferentes provincias.

“Verificar el origen geográfico de alimentos empleando un método que determina variables químicas tras análisis de muestras podría ser utilizado por la industria de alimentos y por entes oficiales que regulan la comercialización y exportación”, explicó a la Agencia CyTA-Leloir, el director del proyecto, el doctor Daniel Wunderlin, director del Instituto  de Ciencia y Tecnología de Alimentos Córdoba (ICYTAC), dependiente de CONICET y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

El objetivo del grupo de Wunderlin es establecer un método complementario a la documentación para lograr la “trazabilidad” de un alimento “desde la granja al tenedor”, como ya hacen organismos reguladores en Europa.

En ese continente se utiliza ese concepto para evitar que, vía triangulación con otros países, se introduzcan alimentos desde regiones que han sido inhabilitadas como proveedoras por alguna razón sanitaria, como enfermedad o uso de agroquímicos no autorizados.

Por otro lado, empresas productoras de queso italiano protegen la denominación de origen de sus productos (PDO) utilizando este método, inclusive como prueba en juicios a empresas que venden otros productos con esa denominación de origen protegida.

Tal como revela la revista “Food Chemistry”, Wunderlin y su equipo analizaron un gran número de elementos químicos (cerca de 30 elementos de la tabla periódica) y la composición de algunos isótopos estables (nitrógeno y carbono fundamentalmente) en suelo, agua, forraje y leche de tambos ubicados en la zona próxima a Rafaela (Santa Fe), San Francisco (noreste de Córdoba), Huinca Renancó (sur de Córdoba) y Catamarca.

Y con esos elementos e isótopos analizados construyeron una “huella dactilar química”.

“Al igual que las huellas dactilares sirven para identificar personas, el perfil químico que se establece con nuestro método serviría para identificar la procedencia (origen geográfico) de la leche”, puntualizó el investigador del CONICET. 

El suelo del tambo y el agua de los establecimientos son los principales contribuyentes al rasgo químico distintivo de cada leche.

Como toda investigación, el proyecto sigue abierto a nuevos estudios.

“Para su aplicación práctica sería necesario ampliar la base de datos generada, incluyendo más regiones del país”, subrayó Wunderlin.

Y agregó que el mismo concepto podría aplicarse en el futuro a alimentos complejos y/o procesados, como puede ser una mayonesa, una mermelada o una pizza.

La metodología sería transferible a la industria de alimentos, a entes reguladores y autoridades de control. 

“Un certificado de procedencia requiere inversión, pero se vería compensado por un mejor precio del producto en el mercado sumado a una mayor confianza del consumidor”, aseguró Wunderlin.

Y consideró que en nuestro país sería muy importante poder certificar la procedencia de lo que se exporta y comercializa en el mercado interno, “detectando casos de fraude por sustitución de productos declarados como argentinos (o procedentes de una región determinada del país), pero que en realidad provengan de otros países y/o regiones”.

Del estudio también participaron la primera autora, Julieta Griboff, María Baroni, y Magdalena Monferran, del grupo de Wunderlin, y Micha Horacek, de la Universidad de Viena, en Austria.

Agencia CyTA-Fundación Leloir

sábado, 2 de febrero de 2019

Fabricacion del acero - Reducir el impacto ambiental - Proponen alternativa


Comienzo del proceso de colada continua, donde se observa el chorro de acero líquido saliendo de la cuchara y entrando al molde repartidor

Consiste en el uso de “polvos coladores” sin fluoruros, que pueden afectar la salud de los operarios y corroer las máquinas.

La siderurgia es clave en el desarrollo de la economía de un país debido a su gran influencia sobre otras actividades, como la automotriz y la construcción.

Al mismo tiempo, es una de las industrias más contaminantes y riesgosas a nivel mundial.

¿Es posible disfrutar sus beneficios sin ese riesgo?

Un investigador de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) acaba de dar un primer paso en ese sentido.

El colado del acero líquido, uno de los pasos claves de la siderurgia, podría llevarse adelante con compuestos menos contaminantes y más seguros para los trabajadores que los utilizados actualmente.

Así lo propone Marcelo Valentini, primer egresado del doctorado en Ingeniería (mención Materiales) de esa casa de estudios, quien aspira a que la industria incorpore esa modificación para reducir su impacto sobre el ambiente.

La fabricación del acero y los procesos posteriores, utilizados para darle forma y obtener productos semielaborados que proveerán de materia prima a otras industrias, están gobernados por fenómenos que ocurren entre 1400 °C y 1600 °C.


Marcelo Valentini, primer egresado del doctorado en Ingeniería 
(mención Materiales).

La investigación de Valentini, quien integra el grupo de Fisicoquímica de Alta Temperatura del Departamento de Ingeniería Metalúrgica de la UTN en San Nicolás, se centró en el momento en que el acero líquido es transferido desde un gran recipiente que puede albergar 200 toneladas de metal, llamado cuchara, hasta un molde diseñado para dar comienzo al proceso de solidificación.

Durante esta transferencia, es necesario proteger al acero líquido de la oxidación del aire y al mismo tiempo se debe favorecer el avance del frente ya solidificado por medio de una adecuada lubricación entre el molde y el metal.

Para ello se utilizan escorias sintéticas, llamadas “polvos coladores”, que flotan sobre el baño metálico.

Valentini explicó a la Agencia CyTA-Leloir que “la presencia de una capa lubricante entre el molde y la cáscara de metal sólido que se forma, en las primeras etapas de la solidificación, es esencial para asegurar la buena calidad del producto”.

Los polvos coladores convencionales están formados por un complejo sistema de óxidos, materiales carbonosos y compuestos de flúor, entre ellos, el fluoruro de calcio.

A la temperatura de trabajo, el flúor se combina con la humedad del ambiente y produce ácido fluorhídrico, cuyo elevado nivel de toxicidad puede causar severos daños en la piel y en los ojos de los operadores que trabajan en el área. También puede desencadenar procesos de corrosión en las máquinas.

En su investigación, Valentini comparó dos polvos coladores diferentes: uno comercial con contenido de fluoruro de calcio, y otro diseñado por él en el laboratorio de la UTN.

Su diseño propone reemplazar el fluoruro de calcio con óxidos de boro y litio.

“Estos óxidos tienen características similares al flúor en cuanto a propiedades fisicoquímicas.

Realizamos pruebas con uno y otro y encontramos que la combinación de ambos permitía obtener las características necesarias para ser usados en las condiciones de proceso”, comentó Valentini, quien para los ensayos debió desarrollar equipos de medición de temperaturas críticas.

Los resultados a los que llegó Valentini con su investigación son válidos para un tipo específico de acero, algo que resulta lógico porque luego cada fábrica debe darle el ajuste final para adecuarlos a sus propias condiciones de proceso.

El grupo de investigación de Valentini en la UTN de San Nicolás lleva trabajando más de diez años en el estudio del comportamiento de polvos coladores y escorias siderúrgicas. Valentini planea continuar trabajando en proyectos que representen mejoras en los procesos, pero, sobre todo, en el impacto sobre el ambiente.

“La mejor pieza de acero no justifica afectar el medio en el que vivimos”, concluyó.

Por Eugenia Romero
Agencia CyTA-Fundación Leloir