miércoles, 14 de enero de 2026

Optimizan la producción de compuestos naturales con potencial industrial Investigadores del CONICET junto a la empresa Ledesma

 

 Agustina Viltes Sánchez, becaria del CONICET, Verónica Irazusta, directora técnica del proyecto con Ledesma, y Mariano Rivero integrante del proyecto LEDESMA - CONICET del Laboratorio de Aguas y Suelos del INIQUI.

Investigadores del CONICET trabajan junto a la empresa Ledesma para optimizar la producción de compuestos naturales con potencial industrial

Se llaman “biosufractantes” y ofrecen una alternativa ecológica a los productos sintéticos

En el laboratorio de Aguas y Suelos del Instituto de Investigaciones para la Industria Química (INIQUI, CONICET-UNSa), un equipo de investigación liderado por las científicas del CONICET Verónica Irazusta y Verónica Rajal busca microorganismos capaces de producir moléculas de alto valor agregado, entre ellas los denominados biosurfactantes: sustancias “tensioactivas” de origen biológico que ofrecen una alternativa ecológica a los productos sintéticos. 

“Los biosurfactantes tienen mayores capacidades y son biodegradables, lo que reduce la contaminación ambiental”, explica Irazusta, responsable técnica del proyecto. 

“Su principal desventaja es el costo de producción comparado con los de origen sintético, por eso trabajamos en métodos más económicos utilizando subproductos industriales.”

Viltes Sánchez e Irazusta, observando el crecimiento de la bacteria productora de biosurfactante. Fotografía: Antonella Flamini

El trabajo se enmarca en un convenio firmado en 2024 entre el CONICET (con la participación de las áreas de Vinculación Tecnológica de Salta y Jujuy), la Universidad Nacional de Salta y la empresa Ledesma. 

El objetivo es optimizar la producción de biosurfactantes a partir de una bacteria aislada de efluentes de la propia industria, aprovechando recursos disponibles y reduciendo el impacto ambiental. 

“Usamos efluentes o subproductos industriales de Ledesma como medio de cultivo para los microorganismos. 

Así, no solo producimos estas moléculas de forma económica, sino que además damos una utilidad a desechos que de otro modo podrían contaminar”, señala Irazusta.

Los biosurfactantes, explica Irazusta, disminuyen la tensión superficial del agua, lo que los hace útiles en múltiples sectores, como el farmacéutico, el agroindustrial, el alimenticio, el cosmético e incluso en la formulación de detergentes y emulsiones. 

“Su capacidad para degradarse naturalmente los convierte en aliados clave en el desarrollo de una industria más sustentable”, dice la investigadora.

Agustina Viltes Sánchez operando el Biorreactor de 7 litros adquirido como parte del convenio. Fotografía: Antonella Flamini

La colaboración con Ledesma se originó años atrás. 

“Hicimos una primera visita a la empresa en busca de subproductos que pudieran servir como fuente de energía para bacterias productoras de biosurfactantes. 

Mostramos resultados, nos reunimos varias veces y eso derivó en el convenio actual”, recuerda Irazusta. El acuerdo permitió además la incorporación de un biorreactor de siete litros, un avance tecnológico significativo para el laboratorio y la universidad.

Desde la empresa Ledesma, la representante técnica del proyecto, Adriana Rodriguez, expresa: 

“El convenio que firmamos con la Universidad Nacional de Salta y el CONICET para el desarrollo de un nuevo producto a partir de la caña de azúcar tiene un gran potencial. 

Desde Ledesma estamos en constante búsqueda de alternativas más sustentables para mejorar nuestros procesos productivos y avanzar en el desarrollo de nuevos productos. 

En ese sentido, creemos que el trabajo conjunto con centros de investigación y universidades, como la Universidad Nacional de Salta y el CONICET, es clave para alcanzar esos objetivos, ya que permite generar desarrollos con impacto productivo y ambiental positivo, más aun actualmente, cuando el mercado de los surfactantes es muy amplio y estas moléculas son utilizadas por diversas industrias, como la farmacéutica, la alimenticia, la cosmética y la agrícola, debido a la variedad de propiedades que presentan. 

A esto se suma la particularidad de que se trata de compuestos biodegradables, a diferencia de los productos sintéticos”.

Irazusta realizando tareas en el laboratorio, relacionadas con inoculación del biorreactor con la bacterias productoras de biosurfactantes. Fotografía: Antonella Flamini

Actualmente, el grupo evalúa distintos subproductos —como melaza y vinaza— para optimizar los procesos productivos. 

“Este desarrollo beneficia a la sociedad desde distintos puntos: por un lado, generamos menos residuos industriales; por otro, ofrecemos alternativas más ecológicas para distintas aplicaciones”, concluye Irazusta.

Por Antonella Flamini

CONICET

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martes, 2 de diciembre de 2025

1° salsa de ostras nacional en conjunto con una empresa elaboran investigadores del CONICET

  

Recolección de ostras del Pacifico (Magallana –ex Crassostrea- gigas). Foto: Gentileza investigadores

Investigadores del CONICET elaboran la primera salsa de ostras nacional en conjunto con una empresa

La iniciativa convierte a una especie invasora de la costa sur bonaerense en un producto con alcance nacional

Investigadores del CONICET y la empresa Cultivo Ostras SAS, perteneciente a la firma Ostras de la Patagonia, desarrollaron un proyecto piloto para producir la primera salsa de ostras nacional, elaborada a partir de la ostra del Pacífico Magallana (o Crassostrea) gigas, una especie invasora que afecta los ecosistemas costeros del sur bonaerense. 

El desarrollo avanza hacia su habilitación industrial y abre una nueva línea de producción sustentable con alcance regional y nacional, que involucra a los municipios de Patagones y Bahía Blanca.

El proyecto “Aprovechamiento productivo de la ostra del Pacífico (Crassostrea gigas) en el sur bonaerense: desarrollo científico-industrial piloto” fue liderado por el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET–UNS), junto a la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET–UNS) y el Instituto de Ciencias Biológicas y Biomédicas del Sur (INBIOSUR, CONICET–UNS), pertenecientes al CONICET Bahía Blanca. 

El desarrollo fue llevado adelante por un equipo de investigadores, personal de apoyo y becarios bajo la dirección científica de la investigadora del CONICET Sandra Botté y el integrante de la Carrera de Personal de Apoyo (CPA) del CONICET, Eder Dos Santos, especialistas en biotecnología marina y aprovechamiento de recursos costeros en el IADO.

Tareas de procesamiento de ostras en el Frigorífico de la empresa Cultivo Ostras SAS, en el puerto de Ingeniero White, Bahía Blanca. Foto: Gentileza investigadores

“El desafío fue transformar una problemática ambiental en una oportunidad productiva, y en ese camino estamos avanzando. 

Buscar alternativas y valor agregado a un producto biológico es un desafío que sólo se puede lograr con aportes interdisciplinarios, y lo estamos logrando gracias al trabajo articulado entre el sector científico, la empresa y el financiamiento público”, señala Botté, además directora del IADO.

Tal como explican desde el equipo científico, la ostra del Pacífico se estableció en la costa bonaerense a partir de 1982, especialmente en el partido de Patagones, y su expansión amenaza el equilibrio ecológico de las reservas naturales. 

Fue originalmente introducida en Bahía San Blas y por su dispersión en la zona costera del sur bonaerense ha comenzado a tener consecuencias sobre playas turísticas como Pehuen Có y Monte Hermoso y sobre ecosistemas marinos de gran importancia como el estuario de Bahía Blanca.

Cultivo de ostras del Pacífico (Magallana gigas) en la parcela productiva de Los Pocitos, partido de Patagones, donde se obtiene la materia prima para el desarrollo de la primera salsa de ostras nacional. Foto: Gentileza

Además de los impactos ambientales y sociales —como los cortes que provocan las valvas filosas en zonas turísticas—, la presencia de esta especie también dio origen a iniciativas productivas, comerciales y culturales como la Fiesta Provincial de la Ostra en el balneario Los Pocitos.

En 2022, la empresa regional Cultivo Ostras SAS solicitó al IADO asistencia técnica para mejorar los métodos de cultivo y manejo de biomasa en su parcela de producción ubicada en Los Pocitos. 

A partir de ese vínculo, se conformó un equipo interdisciplinario con un grupo de investigación de PLAPIQUI, dirigido por María Elena Carrín y un grupo del INBIOSUR, encabezado por Lorena Brugnoni, que aportó capacidades en bioprocesos, ingeniería y análisis biológicos.

Integrantes del IADO, PLAPIQUI e INBIOSUR del CCT CONICET Bahía Blanca y titular de la empresa Cultivo Ostras SAS junto al equipamiento utilizado para el desarrollo piloto de la primera salsa de ostras nacional. Foto: Gentileza

La maricultura de ostras en la costa sur de la provincia de Buenos Aires, en la Zona de Producción de Moluscos Bivalvos del Sudoeste Bonaerense (AR-BA), cuenta con la clasificación sanitaria del SENASA como apta para consumo humano, lo que representa una ventaja estratégica para el desarrollo productivo. 

Con financiamiento del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA 2023), el equipo avanzó en el diseño y validación de un proyecto piloto de industrialización de la ostricultura, con el objetivo de producir salsa de ostras nacional —un producto que actualmente se importa— y generar valor agregado a partir de un recurso disponible en la región.

Bancos naturales de ostra del Pacífico en zona intermareal, sur de la provincia de Buenos Aires. Foto: Gentileza investigadores

Actualmente el proyecto presenta un 90 por ciento de ejecución y se encuentra en la etapa final de habilitación industrial, que incluye pruebas técnicas y regulatorias como análisis de composición nutricional, estudios de vida útil, pruebas organolépticas y validaciones oficiales. 

Una vez concluido ese proceso, la empresa iniciará la producción a escala piloto. 

El equipo trabajó en la estandarización del proceso, desde el acondicionamiento de la carne del molusco hasta la formulación y estabilización del producto final.

Para Cultivo Ostras SAS, esta experiencia marca un paso clave en la consolidación de una nueva industria sustentable. 

“La colaboración con el CONICET nos permitió incorporar conocimiento científico y capacidades tecnológicas que fueron esenciales para llevar esta idea a la práctica. 

Estamos muy cerca de concretar la primera producción nacional de salsa de ostras, lo que representa un hito para nuestro sector debido a que se avanza en la diversificación en el procesamiento con desarrollo de valor agregado”, destaca el médico veterinario Juan Urizar, representante de la firma.

Zona de producción de moluscos bivalvos. Estudios biológicos y calidad ambiental a cargo de integrantes del IADO.

El impacto del proyecto es múltiple: contribuye al control de una especie invasora, recurso natural subutilizado, impulsa un modelo de desarrollo regional sustentable, y una oportunidad productiva en la zona costera del partido de Patagones. 

“El escalamiento de la actividad ostrícola desde lo artesanal hacia lo industrial podría aumentar la presión de explotación de la biomasa, constituyendo una potencial herramienta de mitigación de la dispersión de las ostras en la costa argentina”, explica Dos Santos.

Además de generar nuevas fuentes de empleo y capacitación técnica en la región, esta iniciativa abre un camino concreto para impulsar economías costeras sustentables y fortalecer el vínculo entre ciencia e industria. 

Zona de producción "Bahía Anegada" en el partido de Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires, controlada y monitoreada por Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para asegurar la aptitud 

De cara al futuro, los grupos del IADO, PLAPIQUI e INBIOSUR, junto con investigadores del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS, CONICET–UNS), han aplicado a otras líneas de financiamiento para trabajar en nuevos desarrollos industriales basados en la carne de ostra y en la incorporación de una mirada socioeconómica que permita evaluar el impacto de esta actividad en las comunidades locales. 

En este nuevo desafío, se sumaron investigadores del CESIMAR (CCT CENPAT), fortaleciendo así la colaboración interinstitucional y consolidando una red de trabajo que une ciencia, producción y desarrollo territorial. 

“Este proyecto es un ejemplo de cómo la investigación científica puede contribuir al desarrollo regional y a la gestión sostenible de los recursos naturales”, concluye Botté.

Por Pía Squarcia – CCT Bahía Blanca

CONICET

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lunes, 1 de diciembre de 2025

Lesiones crónicas medulares Estudio preclínico Demuestran potencial terapéutico de una proteína

 

 Imagen de microscopía de reconstrucción 3D que demuestra recrecimiento axonal (rojo) y su vaina de mielina (verde) en un modelo preclínico de lesión medular crónica. Créditos: Gentileza de los investigadores.

Estudio preclínico Demuestran potencial terapéutico de una proteína en lesiones medulares crónicas

El trabajo, liderado por un investigador del CONICET en el Hospital Alemán, respalda el uso de Netrina-1 como posible estrategia terapéutica en futuros ensayos clínicos en humanos.

Las lesiones medulares representan una de las principales causas de discapacidad en adultos jóvenes a nivel global, afectando la calidad de vida de millones de personas. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se registran entre 250 mil y 500 mil nuevos casos anualmente, en su mayoría producto de traumatismos graves, como accidentes de tráfico, caídas o lesiones en actividades recreativas. 

A pesar de los avances en medicina paliativa, los tratamientos actuales no logran restaurar por completo las funciones motoras y sensoriales afectadas, lo que genera una necesidad de desarrollar nuevas terapias regenerativas.

En este contexto y mediante la administración de una proteína, denominada Netrina-1, Ramiro Quintá, investigador del CONICET en el Laboratorio de Medicina Experimental “Dr. Jorge E. Toblli” en el Hospital Alemán (HA), y colegas lograron mejoras notables en la movilidad de las extremidades posteriores en animales de laboratorio (ratas) con lesiones medulares crónicas que imitan aquellas que sufren las personas que sufren accidentes automovilísticos. 

El avance se describe en el Journal of Neurotrauma, publicación de la Sociedad de Neurotrauma de Estados Unidos y de la Sociedad Internacional de Neurotrauma.

“Podemos entender a la médula espinal como un canal por donde pasan todos los cables que transmiten toda la información nerviosa que van desde la caja maestra (encéfalo) hacia todo el cuerpo, y que, al cortarse ésta, no hay chances de empalme (fusión), con lo cual la limitante está en lo que se conoce como proceso reparativo y reconectivo”, indica Quintá, director del trabajo y doctor en Bioquímica. 

Y continúa: “La inyección de Netrina-1 logró reconectar fibras nerviosas en un modelo preclínico de lesión medular crónica y de este modo los animales recuperaron el movimiento de las tres articulaciones: cadera, rodilla y tobillo en forma extensiva, previamente perdido producto de la lesión. 

Además, recuperaron la fuerza para poder trepar, orientarse y escalar”.

Para Quintá, “los resultados son alentadores y nos motivan a seguir avanzando en esta línea de investigación para acercarnos al día en que sea posible la realización de ensayos clínicos que comprueben la seguridad y eficacia de esta estrategia terapéutica”.

El tratamiento experimental en un modelo preclínico permitió la regeneración de los axones en el sitio de la lesión medular crónica (líneas rojas) y la mielinización (en verde) de los axones reparados.

¿Qué tipo de proteína es la Netrina-1?

Netrina-1 es una proteína que participa activamente durante el desarrollo embrionario y su función es la de promover el crecimiento, navegación tridimensional y conexión de los axones (cables) del sistema nervioso desde el cerebro hacia las diferentes regiones de la medula espinal.

“En particular, Netrina-1 modula el crecimiento de una estructura llamada tracto córtico espinal. Esta estructura regula el movimiento voluntario y preciso en seres humanos, y es la principal estructura afectada en una lesión espinal. 

Con lo cual, mi hipótesis fue que si esto sucede durante el desarrollo en condiciones normales, tal vez podría replicarse si se administra netrina-1 en forma exógena, como una terapia luego de una lesión y fue así que observamos que tiene un efecto terapéutico”, destaca Quintá.

Asimismo, mediante el empleo de Resonancia Magnética y técnicas de microscopía, Quintá y equipo observaron que la inyección de la neutrina-1 sobre la lesión indujo un crecimiento de los axones (cables del sistema nervioso) que componen el tracto córtico espinal y otras vías neuronales que regulan el movimiento.

“Lo interesante es que estudiamos la acción terapéutica de Netrina-1 en dos modelos preclínicos, es decir el agudo (período inicial de la lesión), cuyo trabajo fue publicado en 2021, también en Journal of Neurotrauma, y ahora, en este nuevo estudio, fuimos a un modelo aún más complejo, el crónico, dado que si pensamos en la traslación científica, todos los pacientes lesionados en realidad se encuentran en este estadio”, indica el investigador del CONICET.

Las lesiones medulares en estado agudo evolucionan muy rápidamente a la forma crónica, en un periodo que puede abarcar de seis meses a un año. 

“Luego de esta cronicidad los pacientes no presentan mejorías sustanciales”, señala Quintá. 

Y concluye: “Este tipo de patología no tiene aún cura, sólo tratamientos paliativos y de recuperación o re adecuación a la nueva vida que es manejado por la kinesiología y medicina fisiátrica. 

A raíz de los resultados obtenidos, nos interesa profundizar esta línea de investigación ya que podría tener implicancias terapéuticas en el futuro para pacientes humanos”.

Alejandra Sgariglia, Julieta Schmidt, Ramiro Quintá (investigador del CONICET) y Ana Uceda, integrantes del Laboratorio de Medicina Experimental “Dr. Jorge E. Toblli” en el Hospital Alemán (HA).

Del trabajo también participaron Julieta Schmidt (primera autora de la investigación), Ana Uceda y Alejandra Sgariglia, del Laboratorio de Medicina Experimental, “Dr. Jorge E. Toblli” del Hospital Alemán; y el doctor Ricardo Battagino, del Departamento de Ortopedia de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami, en Estados Unidos.

Referencia bibliográfica:

Schmidt, J., Uceda, A., Sgariglia, A., Battagino, R., & Quintá, H. R. (2025). Netrin-1 Therapy Restores Partial Hindlimb Movement in a Rat Model of High-Severity Chronic Spinal Cord Injury. Journal of Neurotrauma.

https://doi.org/10.1177/08977151251387696

Por Bruno Geller

CONICET

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jueves, 20 de noviembre de 2025

Formulación química permite restaurar documentos sonoros analógicos más rápido y sin dañarlos

 

 Disco luego de la limpieza. Fotos: gentileza CEQUINOR/ASFda-RU.

Un equipo del CONICET desarrolló una formulación química que permite restaurar documentos sonoros analógicos más rápido y sin dañarlos

La solución es más económica que las que se consiguen en el mercado internacional, reduce el tiempo de trabajo manual y protege los materiales retrasando la aparición de hongos y otros riesgos biológicos. 

Ya fue probada con éxito en discos de alto valor histórico pertenecientes al Archivo Sonoro de la Facultad de Artes y la radio de la UNLP que datan de mediados del siglo XX y se encontraban en avanzado deterioro.

Especialistas del CONICET en el Centro de Química Inorgánica (CEQUINOR, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) desarrollaron una formulación química y una metodología para su aplicación que permite la restauración de documentos sonoros analógicos, como discos de acetato con base de aluminio y, eventualmente, cintas de acetato, sin dañarlos y protegiéndolos de hongos y otros agentes nocivos. 

La nueva formulación permite reducir el tiempo humano dedicado a la limpieza manual de los materiales de 8 horas a 10 minutos. 

La receta, ostensiblemente más económica que las soluciones que se comercializan a nivel mundial, y podría servir tanto para recuperar grabaciones de archivos privados como de entidades públicas.

El uso de la nueva técnica ya fue probado con éxito para la restauración del Archivo Sonoro (ASFdA-RU) de LR 11 Radio Universidad Nacional de La Plata AM 1390, emisora inaugurada en 1924 y catalogada como la primera radio universitaria del mundo.

Disco con avanzado deterioro previo a la limpieza. Fotos: gentileza CEQUINOR/ASFda-RU

En la búsqueda de la mejor estrategia para la puesta en valor de 36 discos instantáneos –es decir sin duplicación ni producción en cantidad– con registros directos únicos, deteriorados por la acción de distintos ácidos (palmítico y acético) derivados de una sustancia que usaba durante su fabricación con el fin de ablandarlos, los responsables del ASFdA-RU se contactaron con el equipo del CEQUINOR, cuyo expertise permitió dar con la formulación química capaz de remover con éxito el material degradante y con la sistematización de una metodología para su aplicación.

La propuesta rompe con las lógicas de limpieza utilizadas hasta el momento, basadas en la remoción mediante el cepillado en seco de los discos, con los riesgos de daño que esto implica. 

“La técnica consiste, primero, en una limpieza húmeda aplicando la solución química para remover el ácido palmítico mediante su neutralización con hidróxido de amonio debidamente diluido. 

Luego, el lavado con agua y el secado con alcohol isopropílico”, cuenta Carlos Della Védova, investigador del CONICET en el CEQUINOR y responsable del grupo a cargo de la tarea.

“Luego se procedió a la medición del estado de los surcos de los discos, lo que se realizó mediante el uso de un microscopio especialmente adaptado, instancia que significó también otro aprendizaje conjunto del equipo”, agrega el experto. 

Las pruebas demostraron la eficacia de la formulación para la remoción del ácido palmítico, y la medición y comparación de los surcos de los discos y sus características antes y después de la aplicación permitieron confirmar que no perjudica el material original.

Medida de los surcos de los discos con microscopio. Fotos: gentileza CEQUINOR/ASFda-RU.

Un acervo cultural invaluable

Junto a su hermana menor, la FM 107.5, Radio Universidad Nacional de La Plata es aún hoy un baluarte en materia de comunicación del quehacer científico e institucional de la UNLP. 

Pasados más de cien años desde de su creación, el acervo cultural acumulado es invaluable y da cuenta de la historia de la ciudad, de la universidad local y de hechos sociales y políticos que marcaron el destino del país. 

Parte de ese tesoro es resguardado en el ASFdA-RU, custodiado por profesionales de la Facultad de Artes (FdA, UNLP), e incluye registros de audio desde los orígenes mismos de la radio: discursos de autoridades de la provincia de Buenos Aires de la época; música inédita de intérpretes y compositores argentinos; la palabra de poetas prestigiosos vinculados a la UNLP; efectos sonoros para radioteatros; y más.

“El material con el que están recubiertos los discos es muy pesado y difícil de remover. 

Existen recomendaciones muy específicas acerca de cómo limpiarlos, porque son discos hechos con nitrato y acetato de celulosa sobre una base de aluminio, un formato que, por este tipo de degradación, se encuentra bajo alerta de preservación a escala internacional”, comenta María Paula Cannova, una de las responsables del ASFdA-RU, que se contactó con los científicos del CEQUINOR en busca de una solución para ese problema.

Proceso de limpieza manual. Fotos: gentileza CEQUINOR/ASFda-RU.

A partir de los resultados obtenidos, desde el ASFdA-RU se encuentran trabajando en el proceso de digitalización de los discos, tarea que implica una dificultad extra, ya que son grabaciones anteriores a 1954, cuando se estableció un nuevo estándar industrial global para la grabación y reproducción de fonogramas, conocida como la curva de ecualización RIAA, porque fue impulsada por la Recording Industry Association of America (RIAA, sigla en inglés para Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos). 

La creación de esta curva implicó que los discos posteriores a esa fecha tuvieran surcos más estrechos, mejorando el tiempo de reproducción y la calidad del sonido. 

“Estamos buscando la ecualización propia de cada disco en función de las posibles tecnologías disponibles. 

En ese sentido, un integrante del equipo, Martín Donato, profesor titular de Electrónica en la Tecnicatura de Sonido de la FdA, realizó una adaptación en un preamplificador para evitar la ecualización RIAA y que durante el proceso de digitalización los discos anteriores a 1954 puedan ser transferidos sin la aplicación automática de esa curva”, comenta Cannova.

Por su parte, desde el CEQUINOR destacan que tanto la formulación como la metodología de aplicación sistematizada son susceptibles de incorporarse a procesos de restauración de discos tanto de archivos históricos públicos como pertenecientes a acervos privados de coleccionistas particulares.

Proceso de limpieza húmeda. Fotos: gentileza CEQUINOR/ASFda-RU.

Cabe destacar que la fructífera experiencia colaborativa entre el ASFdA y el equipo del CEQUINOR –compuesto por María Luisa Villalba, Mariana Silva, Pablo Donadelli y Gustavo Pozzi, miembros de la carrera de Personal de Apoyo del CONICET, y supervisado por la directora del centro e investigadora del organismo científico Rosana Romano– ya dio paso a una nueva etapa orientada a la recuperación de las cintas magnéticas que forman parte de la colección de Radio Universidad, y que son otro formato de grabación sonora que tiene alerta mundial de preservación.

Por Marcelo Gisande 

CONICET

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martes, 4 de noviembre de 2025

Arsénico y nitratos del agua Investigadores del CONICET desarrollan un método simple y económico para eliminarlos

  

Carbón resultante del proceso de conversión. Fotos: CONICET Fotografía/R. Baridón.

Investigadores del CONICET desarrollan un método simple y económico para eliminar arsénico y nitratos del agua

Basada en el uso de carbón vegetal producido a partir de materia orgánica, esta técnica permite reducir en más de la mitad las concentraciones de estos contaminantes. 

Además de ofrecer una posible solución para comunidades con poco acceso al agua potable, brinda una alternativa para el descarte de subproductos de distintas actividades industriales.

Ya sea como resultado de procesos industriales o derivada de actividades humanas de las más comunes, Argentina produce anualmente grandes cantidades de biomasa vegetal, esto es, un cúmulo de energía contenida en materia orgánica que a simple vista podría verse como residuo. 

Así, tanto las cáscaras de las semillas de girasol que se descartan durante la producción de aceite, como las hojas y ramas secas que resultan de la poda estacional aún conservan un gran valor en su interior, capaz de ser reutilizado en beneficio de la comunidad. 

Una de las maneras de aprovechar esa biomasa es convertirla en carbón vegetal, un elemento de singular capacidad como removedor de contaminantes de agua.

En esa búsqueda se encuentra un equipo de investigadores del CONICET en el Centro de Tecnología de Recursos Minerales y Cerámica (CETMIC, CONICET-UNLP-CICPBA), que acaba de publicar un trabajo en la revista científica Waste and Biomass Valorization, en el que da cuenta del desarrollo de un nuevo método para la remoción de contaminantes cómo el arsénico o los nitratos del agua utilizando carbón vegetal tratado química y térmicamente mediante un proceso muy sencillo, barato y escalable. 

Aunque aún requiere pruebas a mayor escala, el avance abre las puertas para el desarrollo de filtros provistos con pastillas de carbón tratado, aplicables a tanques o cisternas, para la captura y remoción de esos contaminantes, una solución de sumo interés para comunidades sociales con problemas de acceso al agua potable.

Dedicado al estudio y desarrollo de nuevos métodos de descontaminación, el grupo encabezado por el investigador del CONICET Pablo Arnal ya había demostrado la buena capacidad del carbón vegetal para remover del agua contaminantes catiónicos, es decir compuestos por cationes o iones con carga positiva, como los derivados de diversos metales pesados o agroquímicos. 

“El carbón es un material sólido, cuyo comportamiento químico depende de cómo se ordenan los átomos en su superficie y de las uniones químicas que se establecen en ella. 

Demostrada su capacidad de remover contaminantes de carga positiva, lo que quisimos ver fue si modificando las propiedades de esa superficie era también capaz de filtrar los contaminantes aniónicos, es decir los de carga negativa, como el arsénico o los nitratos”, comenta el experto.

Para esa tarea, los investigadores utilizaron un reactor químico sencillo y barato, ideado por ellos mismos en 2021, con el que, primero, convirtieron la biomasa en carbón vegetal. 

“Es un hornito que básicamente consiste en dos latas de alimentos en conserva, una chapa mediana y tubos para chimeneas, que permite producir el carbón en tiempo récord, con igual composición y comportamiento químico, a mayor escala y de forma mucho más económica, si lo comparamos con los métodos convencionales”.

Una vez obtenido el carbón, el equipo procedió a tratar su superficie aplicando ácido nítrico, para luego realizar un procedimiento térmico a 800 grados centígrados, que permitió reordenar los átomos y formar nuevos enlaces químicos en esa superficie. 

“A través de esta nueva composición química, logramos crear puntos de anclaje o fijación superficiales, es decir, le dimos al carbón la capacidad de unirse a los contaminantes de carga negativa para capturarlos y retenerlos eficazmente, facilitando así su remoción”, apunta Arnal. 

El éxito del proceso fue tal que las mediciones posteriores indican que, por ejemplo, reduce la concentración de aniones nitrato –iones de carga negativa– hasta en un 55 por ciento.

El equipo se entusiasma con las derivaciones que puede tener esta idea de laboratorio no solo en la comunidad, sino también en el ámbito científico y la industria: 

“El método es rentable, porque implica el uso de materiales de bajo costo, es sencillo, y demostramos que es eficaz. 

Además, redunda en un impacto ambiental positivo, porque se basa en reutilizar residuos industriales o urbanos como materia prima”, apunta Arnal. 

“A la sociedad le aporta una solución, en parte, al problema de la contaminación del agua. 

A la comunidad científica, tanto de áreas básicas como aplicadas, este avance le abre las puertas para pensar el desarrollo de materiales a base de carbón vegetal no solo como descontaminantes, sino también para el almacenamiento de energía, por ejemplo, entre otros temas clave. 

Por último, la industria puede estar muy interesada en esto porque hoy en día el descarte de los subproductos derivados de distintas actividades supone un costo. 

Con esto, se le agrega valor como biomasa, lo que lo vuelve redituable”, concluye.

Referencia bibliográfica:

Long, L.A., Arnal, P.M. Cost-Effective Development of Nitrate Anchoring Sites on Charcoal for Low-Resource Communities to Filter Water. Waste Biomass Valor 16, 5007–5018 (2025). DOI: https://doi.org/10.1007/s12649-025-02978-x

Por Marcelo Gisande

CONICET

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miércoles, 8 de octubre de 2025

Nobel de Química a los creadores de las “estructuras metalorgánica Científicos del CONICET explican por qué ganaron

 

 Ganadores del Premio Nobel de Química 2025: Susumu Kitagawa (izq.), Richard Robson y Omar M. Yaghi. Créditos: Ill. Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach

Científicos del CONICET explican por qué ganaron el Nobel de Química los creadores de las “estructuras metalorgánicas”

Dos especialistas del Consejo reflexionan sobre la importancia de las estructuras moleculares creadas por los tres laureados, las llamadas MOF.

La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó hoy el Premio Nobel de Química 2025 a tres científicos que crearon las llamadas “estructuras metalorgánicas” (MOF): estructuras moleculares con amplios espacios por los que pueden fluir gases y otras sustancias químicas. 

Se trata de Susumu Kitagawa, científico de la Universidad de Kioto, Japón, Richard Robson de la Universidad de Melbourne, Australia, y Omar M. Yaghi, de la Universidad de California, Berkeley, EE. UU., tres hombres que, según referentes de este campo de estudio del Consejo, revolucionaron la arquitectura molecular y crearon materiales capaces de solucionar algunos de los mayores desafíos a los que se enfrenta hoy la humanidad, como la purificación del agua, la descomposición de trazas de fármacos en el medio ambiente, el almacenamiento de gases tóxicos o la recolección de agua del desierto.

“Las estructuras metalorgánicas tienen un potencial enorme y brindan oportunidades nunca antes previstas para materiales hechos a medida con nuevas funciones”, afirmó Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química, durante la premiación. 

Susumu Kitagawa, Richard Robson y Omar Yaghi desarrollaron una nueva forma de arquitectura molecular. 

En sus estructuras, los iones metálicos funcionan como pilares unidos por largas moléculas orgánicas (carbonadas). 

Juntos, los iones y moléculas metálicas se organizan para formar cristales con grandes cavidades. 

Estos materiales porosos se denominan MOF

Al variar los componentes básicos de las MOF, los químicos pueden diseñarlas para capturar y almacenar sustancias específicas. 

Las MOF también pueden impulsar reacciones químicas o conducir electricidad”, explicó la Real Academia Sueca en un comunicado de prensa.

“Es un premio super justo. 

En la comunidad de químicos nos veníamos preguntando hacía rato cuándo le iban a dar el premio a los MOF”, comenta el científico del CONICET Galo Soler Illia, director del Instituto de Nanosistemas de la Universidad Nacional de San Martín (INS, UNSAM), pocas horas después de conocer la noticia. 

“Estos tres químicos tienen una creatividad y una capacidad de generar nuevos materiales capaz de ser aplicables dignas de destacar. 

Usaron algo muy usual en la química, que es el enlace de coordinación, para construir con una gran fantasía e inventiva un montón de ladrillos y crear nuevos materiales. 

Algo alucinante que, después algunas décadas, ya se puede fabricar de manera masiva y barata, con lo cual tienen muchas aplicaciones y dentro de muy poco van a llegar al mercado. 

Además los he visto dar conferencias y son unos fenómenos”.

Y continúa: “Imaginate un edificio que está construido con vigas y conectores de esas vigas. 

Las vigas son moléculas orgánicas y los conectores, iones inorgánicos. 

Por eso se llaman estructuras metalorgánicas”, explica. 

Las MOF, que fueron descubiertas por Robson a fines de los 80, en Australia, y luego perfeccionadas por Kitagawa y Yaghi, “desataron una furia porque es como usar bloques de construcción como LEGOS para hacer edificios con habitaciones nanométricas, microscópicas, muy chiquitas, que pueden albergar gases.

Un gramo de estos materiales es como una esponja que puede contener uno 4 mil metros cuadrados por gramo, por lo cual, un gramo y medio de esta sustancia contienen en sí mismo la superficie de una cancha de fútbol”, dice Soler Illia.

Tal como explica el investigador, en Argentina existen muchos grupos científicos que usan a los MOF los usan para contaminantes, como censores, como bactericidas. 

“Estos compuestos son como un gran LEGO con el que uno se puede entusiasmar y armar una enorme cantidad de bloques de construcción, y eso lleva a que vos tengas la oportunidad de de hacer edificios con paredes flexibles, con paredes que iluminan, con propiedades magnéticas. 

A partir de ciertas reacciones químicas muy simples se abre una puerta para tener una enorme cantidad de nuevas estructuras para una cantidad de aplicaciones prácticamente ilimitada”.

Uno de los profesionales argentinos que utiliza los MOF en sus proyectos es Germán Gómez, que es científico del CONICET por la Universidad de San Luis y realizó su posdoctorado junto a Soler Illia. 

Gómez se dedica al estudio de MOF para el campo del censado químico y hacia la degradación de contaminantes mediante la fotocatálisis. 

El año pasado, de hecho, conoció a Yaghi, uno de los premiados, cuando le otorgaron el título honoris causa en la Universidad Nacional de Córdoba. 

“Allí dio una charla plenaria en la que la que trató temáticas ambientales, como la captura de dióxido de carbono a partir de estos nanomateriales como la captura de agua en ambientes áridos como el desierto. 

Habló de aplicaciones reales con problemáticas medioambientales reales. 

Doy fe de que es un científico muy amable y abierto a las colaboraciones y siempre se muestra activo hacia el uso de estos materiales hacia aplicaciones realmente llamativas”, asegura Gómez.

Para este científico, “los MOF me aportaron una plataforma extraordinaria y muy versátil para desarrollar materiales con alta selectividad y sensibilidad en el campo de censado químico. 

Los MOF son un gran aporte a la química y abrieron la puerta a materiales sólidos con propiedades diseñables”. 

Desde el Instituto de Investigaciones en Tecnología química (INTEQUI) en el que trabaja actualmente, 

Gómez utiliza las MOF en diversas aplicaciones, como la absorción de monóxido de carbono y la degradación de contaminantes mediante catálisis o fotocatálisis. 

También a la detección de analitos como agrotóxicos, compuestos volátiles orgánicos y iones metálicos mediante el mecanismo de la fotoluminiscencia.

“Es excelente que le hayan otorgado este premio en conjunto. 

Significa la validación de décadas de trabajo en las cuales se han utilizado los MOF para enormes posibilidades y aplicaciones que van más allá de lo teórico”, dice Gómez. 

Para los que utilizamos estos materiales es una noticia que nos motiva, porque estamos trabajando en una rama que va a tener más atención, más recursos y una expectativa aún más alta. 

Se abre una nueva etapa en los MOF donde se va a profundizar su aplicación real y su compatibilidad en dispositivos reales, además de poner énfasis en su utilización a gran escala en un uso práctico. 

Si podemos lograr eso, que es una cuestión bastante crucial, el reconocimiento del Nobel pasará de ser simbólico a ser un beneficio tangible para la sociedad”, señala.

La historia detrás del Nobel

Todo comenzó en 1989, cuando Richard Robson experimentó con el uso de las propiedades inherentes de los átomos de una forma novedosa. 

Combinó iones de cobre con carga positiva con una molécula de cuatro brazos; esta tenía un grupo químico que era atraído por los iones de cobre en el extremo de cada brazo. 

Al combinarse, se unieron para formar un cristal amplio y ordenado. 

Era como un diamante lleno de innumerables cavidades.

Robson reconoció de inmediato el potencial de su construcción molecular, pero era inestable y colapsaba con facilidad. 

Sin embargo, Susumu Kitagawa y Omar Yaghi sentaron bases sólidas para este método de construcción; entre 1992 y 2003, realizaron, por separado, una serie de descubrimientos revolucionarios. 

Kitagawa demostró que los gases pueden fluir dentro y fuera de las construcciones y predijo que los MOF podrían hacerse flexibles. 

Yaghi creó un MOF muy estable y demostró que puede modificarse mediante un diseño racional, dotándolo de propiedades nuevas y deseables. 

Tras los revolucionarios descubrimientos de los galardonados, los químicos han construido decenas de miles de MOF diferentes.

Por Cintia Kemelmajer

CONICET

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lunes, 22 de septiembre de 2025

SostRAEE Ciencia empresas y diseño unidos para transformar residuos en objetos con valor

 

Placas de plástico para diferentes aplicaciones desarrolladas por el equipo del PLAPIQUI (CONICET-UNS) a partir de residuos de plásticos provenientes de artículos de eléctrica y electrónica.

SostRAEE Ciencia, empresas y diseño unidos para transformar residuos en objetos con valor

Con foco en la sostenibilidad y la economía circular, el proyecto SostRAEE, liderado por especialistas del CONICET, impulsa el reciclado de plásticos de residuos electrónicos

La iniciativa recibió la Distinción Franco-Argentina a la Innovación 2024 y avanza hacia el desarrollo de productos con impacto ambiental y social

En Argentina los plásticos presentes en Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (plásticos RAEE) representan en promedio 100 mil toneladas por año de las cuales se recicla solo un 5 por ciento. 

Con el fin de brindar soluciones a esta problemática ambiental, está en marcha el proyecto “SostRAEEReciclando Plásticos RAEE. Innovando con Conciencia”, liderado por la investigadora del CONICET Yamila Vazquez

Esta iniciativa derivó en el desarrollo de tecnologías que facilitan el reciclado de ese tipo de residuos para usarlos como materia prima en el desarrollo de productos sostenibles, tanto de uso masivo como objetos de diseño.

Equipo SostRAEE: Yesica Dilernia (izq.), Yanela N. Alonso, Yamila V. Vazquez con el diploma del Premio Senior de la 8° edición de la Distinción Franco-Argentina, Teresa Dutari y Marcos Volpin.

Para el desarrollo de estos productos sostenibles, tanto objetos de diseño (portaobjetos, lámparas de interior, mueblería y otros) como masivos (carcasas de alumbrado público, cajas de electricidad, artículos de eléctrica y electrónica), Vazquez y equipo trabajan con el apoyo de Hi-Tech Factory y otras empresas. 

Por la relevancia del proyecto SostRAEE

Vazquez, que integra el Grupo de Envases y Sostenibilidad de la Planta Piloto de Ingeniería Química (PLAPIQUI, CONICET-UNS), ganó el Premio Senior de la 8° edición de la Distinción Franco-Argentina en Innovación organizada por el CONICET y el Institut français d’Argentine – Embajada de Francia, con el apoyo de la empresa TotalEnergies Argentina.

“La principal motivación de SostRAEE fue la vacancia de sistemas de valorización para plásticos provenientes de artículos de eléctrica y electrónica, comúnmente conocidos como plásticos raros”, afirma Vazquez quien es doctora en Ingeniería Química

Y continúa: “El objetivo es el desarrollo de productos sostenibles tomando como materia prima los plásticos RAEE mayoritarios, y así reciclarlos y reutilizarlos en el desarrollo de productos de alto valor agregado que respondan a necesidades del sector socioproductivo a través de la perspectiva de las economías circulares. Venimos trabajando con empresas y apuntamos a sumar más”.

Teresa Dutari trabajando en el diseño de productos elaborados a partir del reciclado de desechos plásticos RAEE.

Vazquez lidera este proyecto con un equipo multi e interdisciplinario integrado por otros profesionales de PLAPIQUI, con sede en la ciudad de Bahía Blanca: la doctora en Ingeniería Química Yanela Alonso, la licenciada en economía Yesica Dilernia, la diseñadora industrial Teresa Dutari y el Ingeniero Químico Marcos Volpin.

“Mi agradecimiento por la Distinción Franco-Argentina en Innovación 2024 en la categoría Senior se extiende a mi equipo y también a la vicedirectora del PLAPIQUI e investigadora del CONICET Silvia Barbosa, nuestra mentora en este camino tan apasionante y desafiante de la sostenibilidad de plásticos”, destaca Vazquez.

Yamila V. Vazquez en su paso por la embajada de Argentina en Francia en el marco del viaje subsidiado por la Distinción Franco-Argentina en Innovación.

Tecnología innovadora, premio y trabajo con empresas 

Los plásticos mayoritarios en los residuos RAEE son el Acrilonitrilo Butadieno Estireno (ABS) y Poliestireno de Alto Impacto (HIPS). 

En general, estos plásticos son separados para su posterior reciclaje, sin embargo, el equipo liderado por Vazquez propone un método innovador que brinda múltiples ventajas.

“La propuesta innovadora de reciclado para estos materiales (ABS y HIPS) es reciclarlos mezclados aprovechando ciertas características químicas similares. 

Hemos comprobado que se pueden reciclar de esta manera, evitando el paso de separación por tipo y consecuentemente ahorrando dinero y tiempo. 

Asimismo, los trabajadores que realizan esta labor evitan un paso que en gran parte de los casos se realiza en condiciones desfavorables”, puntualiza Vazquez. 

También indica que “la propuesta involucra el uso de procesos adaptables a líneas tradicionales de reciclado de plásticos, y principalmente sencillos como lo son la termo compresión o el moldeo por inyección”.

Yamila V. Vazquez con el investigador Helmi Benrejeb en su visita a laboratorios del G-Scop del Instituto Politécnico de Grenoble (Grenoble INP), en Francia.

Hasta el momento, mediante esos procesos, se han obtenido prototipos de portaobjetos con texturas similares al mármol y al granito, y se está trabajando en la ampliación del portfolio de productos desde luminarias para exteriores hasta artículos específicos para instituciones como los hoteles sostenibles

Actualmente, el proyecto está en una etapa inicial focalizada en la validación técnica de estos prototipos que muestran un gran potencial para aplicaciones específicas y cuenta además con el apoyo de Hi-Tech Factory (empresa especializada en el diseño, armado y producción de equipos electrónicos y alumbrado público) y otras empresas para la validación futura de los productos.

“Participar en procesos de transferencia de tecnologías al sector socio productivo es profundamente gratificante porque el conocimiento generado en el ámbito científico se transforma en soluciones concretas con impacto real. En particular, poder articular con empresas demuestra que la sostenibilidad y la innovación pueden ir de la mano cuando hay objetivos compartidos”, destaca Vazquez. 

Y continúa: “Además, estas experiencias son clave para abrir nuevos espacios de colaboración, validar tecnologías en entornos reales y promover una economía más circular e inclusiva. Me entusiasma ser parte de este tipo de iniciativas que fomentan la vinculación academia-industria”.

“El proyecto SostRAEE está avanzando, sin embargo, nos interesa seguir generando alianzas estratégicas con distintos eslabones de la cadena de valor del plástico y accediendo a financiamiento para poder realizar el escalado de este proceso”, afirma la investigadora del CONICET. Y agrega: “SostRAEE no solo es una solución al problema de plásticos RAEE, sino que también es una solución que genera impacto social ofreciendo artículos atractivos en un mercado que demanda cada vez más sostenibilidad, contribuyendo a una economía más circular y justa”.

Yamila V. Vazquez con Peggy Swolinski (Grenoble INP – G-SCOP) y Carole Charbuillet (Instituto de Chambéry – ENSAM).

Recorrido en Francia por centros de investigación y empresas 

Además de recibir un monto de 12 mil euros para el proyecto, el Premio Senior de la 8° edición de la Distinción Franco-Argentina otorgado a Vazquez, incluyó un subsidio para una estadía de vinculación en instituciones francesas como laboratorios, universidades, centros de investigación, polo tecnológico y/o empresa de base tecnológica radicada en Francia que desarrolle temas relacionados al proyecto ganador. 

Dicha estadía se concretó durante la última semana del pasado mes de junio.

Durante su instancia, la investigadora del CONICET tuvo la oportunidad de visitar la embajada de Argentina en Francia y sus autoridades quienes manifestaron su interés y apoyo para generar nuevas alianzas entre los países. Vazquez también fue recibida en la empresa EKOFAB (empresa con amplia trayectoria en el reciclado y valorización de plásticos), donde tuvo la oportunidad de visitar las instalaciones y reunirse con el equipo técnico. 

Asimismo, tuvo la posibilidad de visitar el Laboratorio G-Scop del Instituto Politécnico de Grenoble (Grenoble INP), en la Universidad de Grenoble Alpes, donde fue recibida por un grupo de investigadores que lideran trabajos en áreas afines a su proyecto. 

En la visita pudo conocer sus laboratorios, las diferentes líneas de investigación que llevan adelante, y tener una reunión de intercambio con los diferentes grupos. 

En esta reunión también participaron investigadores del Instituto de Chambéry – Escuela Nacional de Artes y Oficios (ENSAM) quienes trabajan en temas en línea con los de Vazquez.

Yamila V. Vazquez con el equipo de EKOFAB, una empresa francesa con amplia trayectoria en el reciclado y valorización de plásticos.

“La experiencia fue muy enriquecedora tanto a nivel profesional como humano. 

Poder compartir nuestro proyecto y dialogar con actores institucionales, como la Embajada Argentina en Francia, permitió generar vínculos estratégicos que pueden abrir nuevas oportunidades de cooperación internacional. 

El recorrido por EKOFAB me permitió conocer en detalle una experiencia consolidada de valorización de plásticos, con un enfoque técnico y social muy inspirador”, destaca la investigadora del CONICET.

Por otro lado, el encuentro con investigadores del Grenoble INP y del Instituto de Chambéry–ENSAM fueron claves para identificar líneas de trabajo complementarias, intercambiar metodologías y pensar en posibles proyectos colaborativos, afirma Vazquez. 

Y concluye: “Tener acceso directo a sus instalaciones y conocer de cerca cómo abordan problemas similares fue muy valioso. 

Este viaje sin duda amplía la proyección no solo de nuestro proyecto, sino de las líneas de investigación de nuestro grupo, 

Asimismo, reafirma la importancia de trabajar en red para dar respuestas innovadoras a los desafíos ambientales que enfrentamos”.

Referencias bibliográficas:  

Volpin, M., Vazquez, Y. V., & Barbosa, S. E. (2024). Combined valorization of industrial and post-consumer plastic waste. An industrial symbiosis approach. Progress in Rubber, Plastics and Recycling Technology, 14777606241306461.

https://doi.org/10.1177/147776062413064

“Sustainable Use of Plastic e-Waste with Added Value” Y. V. Vazquez, M. Volpin y S. E. Barbosa. En “Conversion of Electronic Waste in to Sustainable Products”, eds. Anish Khan y Mohammad Jawaid. Springer Nature, Singapore, 2022. ISBN: 978-981-19-6540-1, Chapter

https://doi.org/10.1007/978-981-19-6541-8_11

“Reciclado de Plásticos provenientes de Artículos de Eléctrica y Electrónica. Situación Actual y Perspectiva”. Y. V. Vazquez, S. E. Barbosa. En “Los residuos que generamos. Su manejo sustentable, un gran desafío”, ed. Teresa Estela Perez. Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (2019). ISBN: 978-987-4111-24-1.

“Uso Sostenible de Materiales Plásticos Provenientes de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos”. Y. V. Vazquez y S. E. Barbosa. Ambiente en Diálogo (2021), 2, 152-168. ISSN 2718-8914

“Process Window for Direct Recycling of Acrylonitrile-Butadiene-Styrene and High-Impact Polystyrene from Electrical and Electronic Equipment Waste”. Y. V. Vazquez, S. E. Barbosa. Waste Management (2016), 59: 403-408.

https://doi.org/10.1016/j.wasman.2016.10.021

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